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Diego Igeño.

Rusia es culpable”. La frase no es mía sino de Ramón Serrano Súñer, el cuñadísimo, el hombre fuerte de Franco durante el final de la guerra y la primera posguerra. Un abogado elegante, instruido, que había conseguido evadirse de la cárcel en Madrid para huir a la España que ya dirigía el general golpista. Él fue el que acuñó el eslogan que, en un ambiente de paroxismo patriótico, llevó a muchos falangistas –y a otros- a participar en la insensata campaña que Adolf Hitler había iniciado contra Rusia en junio de 1941 –Operación Barbarroja-. La presencia de los españoles en el frente ruso, enrolados en la conocida como División Azul -la Einheit spanischer Feriwiller-, se extendió durante dos años: 1941 al 43 –fue disuelta por las presiones de los aliados y por el giro en la tendencia victoriosa de los ejércitos del Eje-.

Como venimos diciendo en estas breves historias de posguerra, acontecimientos aparentemente lejanos también se vivieron en Aguilar de un modo intenso. Antes de nada, por los vecinos que se enrolaron en este cuerpo de voluntarios. Hemos recuperado, en un primer recuento, unos cuantos nombres aunque estamos seguros de que fueron muchos más (confiamos en el testimonio de todos ustedes para ampliar la relación): José Solano Lora, Félix Alhama Payo, Rafael Jiménez Arenas, Francisco Casaucao Sotomayor, Francisco Valle Madrigal, Juan Romero Lucena, Manuel Romero Romero, Joaquín Alhama Ríos, Francisco Pino León, Antonio Luque Morillo (luego guardia municipal), etc. Ellos contribuyeron “con su gigantesco esfuerzo”, según afirmaron nuestros ediles, “a salvar la civilización”.

No tardaron en llegar noticias de los “caídos en la lucha contra la barbarie moscovita”. La primera comunicada fue la de Félix Alhama Payo que pertenecía a la 8ª Cia. del II Batallón del Regimiento 263.. Fue muerto en la batalla de Krassny Bor el 10 de febrero de 1943 y enterrado en SSluzk. El pleno del Ayuntamiento trató el asunto y aprobó lo siguiente: hacer constar el sentimiento de la corporación y la ciudad por este desgracia y trasladar su pesar a la madre (Isabel Payo Ruiz) y familiares, celebrar un funeral por el eterno descanso de su alma en la iglesia del Soterraño y que su nombre fuese incluido en la lápida de la Cruz de los Caídos y en la del Salón de Sesiones.

En la misma batalla, cayó el brigada Joaquín Alhama Ríos, de la Compañía de Esquiadores, cuyo cuerpo no fue hallado por lo que fue dado por desparecido. Había nacido en 1907, por lo que tenía cuando murió 35 años. No aparece ninguna referencia a su óbito en las sesiones de la Comisión Gestora.

Poco tiempo después, en julio del 43, se recibe la notificación de la muerte de Rafael Jiménez Arenas. Pertenecía a la Plana Mayor  del Regimiento de Infantería nº 262. Fue enterrado el 13 de mayo en Mastelewo. Los acuerdos tomados en el Pleno fueron que constase en acta el sentimiento de la ciudad, trasladar el pésame a su madre (Tomasa Arenas Gama), que se costeasen los funerales y que su nombre figurara en las lápidas correspondientes. Y aún más tarde, en octubre de ese año, se informa de otro soldado muerto: en este caso, el sargento Francisco Casaucao Sotomayor. Los acuerdos tomados, idénticos.

Los que lograron sobrevivir sabemos que fueron obsequiados en el Bar Tijeras. El gasto efectuado por el Cabildo fue de 364’65 (poco antes en el mismo establecimiento se habían dejado 2084’95 ptas. en una comida para agasajar el nuevo gobernador civil José Macián). ¿Quiénes fueron los homenajeados? Desgraciadamente, no lo sabemos. Entre los homenajes, también subrayaremos el habido en el Teatro Español el 17 de diciembre de 1942 con el objetivo de recaudar fondos para el aguinaldo de los divisionarios.

Cabe reseñar por otra parte la existencia de más referencias en el pleno de la Comisión Gestora. Lo que, sin duda, tuvo más hondo calado fue denominar el Camino Ancho como División Azul, nombre que perduró hasta la vuelta de la democracia a nuestros ayuntamientos a raíz de las elecciones municipales de abril de 1979. El acuerdo plenario no se hizo efectivo hasta la autorización reglamentaria de la Dirección General de la Administración Local, cosa que sucedió a finales de 1941. Pero también habría que recordar la colaboración con 1000 pesetas a la suscripción iniciada en todo el país para el aguinaldo citado más arriba.

El penúltimo capítulo de esta historia, se escribió a partir de 1953 cuando tras la muerte de Stalin se procedió a la repatriación de muchísimos voluntarios presos en los gulags soviéticos.

Continuará…