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Hubo un tiempo en el que la Laguna de Zoñar era, además de un paraje natural, un habita  compartido por la fauna, la flora y los viejos hortelanos que durante generaciones moraron en estas tierras. Un pasado en el que el hombre ocupaba su espacio vital en la vida del popular humedal, considerado ahora como el único lago de  Andalucía.

Desde la prehistoria, la huella humana estuvo presente en los Villares de Zoñar  hasta el último tercio del pasado siglo XX, en el que abandonaron su terruño los últimos cultivadores que habitaron en las centenarias huertas que regaba la primitiva Fuente Escobar.

Época en las que las barcas surcaban las azules aguas en busca de cangrejos, anguilas,  carpas o los patos que se refugiaban y anidaban en los carrizales que delimitaban el perímetro lagunar.

Testimonio de ese pasado es esta bucólica fotografía de un grupo de hortelanos recorriendo los aledaños interiores de la laguna en una barcaza, fechada en la década de los años sesenta del siglo XX.