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Esta imagen se hizo cotidiana a lo largo del pasado siglo XX, ya que los numerosos eventos religiosos que se celebraron en la Plaza de San José derivaban en concentraciones de público que llenaban el monumental recinto, sobre todo, como es el caso, cuando la asistencia era prácticamente obligatoria para todos los vecinos. Así ocurría en las denominadas “Misiones” convocadas por las autoridades civiles, militares y religiosas que reunían, eso sí, separados por sexos, al conjunto de la población (las mujeres a la derecha de la Casa Capitular u los hombres a la izquierda).

Como se aprecia claramente, también la Banda Municipal de Música concurría al acto en el que, generalmente un sacerdote jesuita, lanzaba una plática doctrinal desde el balcón central del Ayuntamiento. El anónimo fotógrafo, probablemente un reportero venido desde la capital, consiguió una imagen de gran calidad a pesar de ser capturada en la oscuridad de la anoche y con un zoom bastante precario. Una imagen bucólica de nuestro pasado (mediados del siglo XX) que ahora se nos antoja imposible que se pudiera repetir tras los avatares sanitarios que nos han situado en la “nueva normalidad”.

La “nueva normalidad” es un término que está imponiendo en los últimos meses para definir cómo seremos durante la fase de la recuperación y después de ella. La COVID-19 pudiera permanecer endémica durante un tiempo indeterminado, se espera tener disponible una vacuna y un cambio en la protección inmunológica, pero todo continúa en suspenso. En estos momentos la incertidumbre acompaña a todos los países del mundo.

La pandemia ha generado nuevas experiencias de vida, aprendizajes en el día a día que nos han obligado a crear nuevas rutinas, a cambiar los estilos de vida y a modificar nuestras relaciones interpersonales. Esto ha impactado en todos los ámbitos en que nos desarrollamos: personal, familiar, laboral y social, entre otros.

Ahora, nos enfrentamos a un nuevo momento, que consiste en regresar poco a poco a una normalidad, que ya no será, ni puede ser la misma a que estábamos acostumbrados. Debemos incorporar nuevas rutinas para nuestro desempeño y en la relación con nuestros familiares, amigos, en nuestro entorno laboral, pues el peligro de la enfermedad acecha y debemos continuar cumpliendo determinadas normas higiénicas y un cierto distanciamiento físico para poder prevenir el contagio, esto implica que debemos adaptarnos a una nueva situación.