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Diego Igeño Luque.

Durante los primeros años de la posguerra el poder político en Aguilar de la Frontera se focalizaba en el Ayuntamiento donde estaba constituida una Comisión Gestora presidida por el alcalde. Entre 1939 y el año 1950 –cuando decidimos finalizar el período estudiado- varios fueron las personas que detentaron la alcaldía: Francisco J. Tutón Mena (en dos ocasiones), Vicente Romero y García de Leaniz, Eloy Lucena Ladrón de Guevara y Agustín Aranda Romero –prematuramente fallecido con 34 años-, pertenecientes todos ellos a la burguesía agraria de Aguilar –aunque con diversos matices-. Naturalmente, el juego político ha desaparecido pese a que la filiación de los diversos apoyos del Régimen fuera muy diversa: falangistas, upetistas, gentes de la derecha republicana, carlistas, etc. Pero el decreto de Unificación de 20 de abril de 1937 y otras normas asfixiaron la diversidad y contribuyeron a la obligada uniformidad del pensamiento. Por ello, en las sesiones consistoriales apenas si vemos controversia, sino un rígido acatamiento de las reglas del juego bajo la vigilancia del omnipresente y omnipotente gobernador civil –Eduardo Valera, Joaquín de Cárdenas, Rogelio Vignote, Ramón Risueño, José Macián, entre otros- , y la aplicación constante de jabón a los jerarcas y a los principios fundamentales del Movimiento. Sí apreciamos, en cualquier caso, un cambio de tono de las sesiones de los primeros años, mucho más expresas en su adhesión al nuevo estado y a los ideales del Eje por desarrollarse en el contexto de la II Guerra Mundial, respecto de las que sucedieron conforme la contienda civil se iba alejando y el régimen se asentaba.

A pesar de lo dicho, sí valdría la pena subrayar algunos episodios y circunstancias vividos durante este tiempo que merecen nuestra atención. El primero de ellos fue el aumento del exiguo número de gestores. En julio del 39, se pasará de los cinco que había a nueve, siendo nombrados en esta ampliación: Juan de Burgos Carrillo –alcalde efímero durante la Dictadura de Primo-, Manuel Jurado, Juan Prieto Roldán y Manuel Aragón Carrillo de Albornoz.-edil monárquico durante la República-.

Otro hecho verdaderamente llamativo fue la destitución de uno de los gestores, Juan de Dios Carmona Barbudo. La causa que se esgrimió fue la de haber sido expulsado de Falange Española Tradicionalista y de las JONS por su conducta y actuaciones. Bien pronto, sin embargo, fue promovido a jefe de la policía municipal con lo cual no disminuyó un ápice su autoridad.

También fue interesante el escrito de Burgos Carrillo, en noviembre del 39, proponiendo que se pusieran a disposición de la superioridad todos los cargos de la Gestora en razón a “los insistentes rumores que desde hace algún tiempo vienen circulando respecto a un cambio de Alcalde-presidente y de renovación de los actuales miembros de la Comisión Gestora, rumores que han tomado mayores vuelos recientemente, por motivos de todos conocidos [y que, sin embargo, a nosotros se nos escapan]”. Continúa su argumentación diciendo que esa situación les hace vivir en una atmósfera enrarecida que les restaba autoridad y decisión para el normal desenvolvimiento de su gestión administrativa y que les imposibilitaba acometer los problemas pendientes del Municipio. Se aceptó por parte de sus compañeros, pero pronto se recibió una dura reprimenda del gobernador civil Joaquín de Cárdenas Llavaneras que puso las cosas en su sitio, lo que hizo que todos los dimisionarios quedaran, como vulgarmente se dice, “con el rabo entre las patas” y que hicieran protestas de colaboración con “el más decidido entusiasmo a la reconstrucción y al engrandecimiento de nuestra patria”.

Pero sin ningún género de dudas, lo más saliente de esta etapa fue el cese del alcalde Tutón y Mena por los problemas surgidos con el contratista de las obras de alumbramiento y distribución de aguas de Aguilar de la Frontera Sánchez Castillo. Este asunto se alargaría durante muchísimos años y se llevaría también por delante al secretario del Ayuntamiento Manuel Díaz Caneja y Candanedo, en tiempos delegado local de Prensa y Propaganda y jefe local de FET y de las JONS –sólo este tema daría para una publicación-.

Por último, apuntaremos siquiera la importancia política que tuvo el partido único –con las ramas femenina, juvenil y obrera- de cuya estructura local y otros pormenores hablaremos en una próxima colaboración-. En cualquier caso, pronto la jefatura local del Movimiento estuvo asociada a la figura del alcalde con lo cual, “de facto”, los dos poderes estuvieron concentrados en una única persona.

Continuará…