Transitar los caminos bajo el sol septembrino y contemplar la  innata belleza de los parajes que nos rodean.

  Recrear los sentidos en la naturaleza viva, inconmensurable tesoro al alcance de todos los que tenemos la dicha de habitar la Campiña Sur cordobesa

 Adentrase a golpes de pedal por el ancestral pago de los Zapateros y atravesar los Moriles Altos y Bajos por las tierras negras de los Llanos y las Albarizas blancas preñadas de Viñedos

 Sentir en el rostro la  fresca brisa del  otoño prematuro bajo la calina del verano membrillero. 

 Divisar en el horizonte las sierras Subbéticas iluminadas por el sol redimido del nuevo día.

 Contemplar desde la alta cumbre del cerro de la Torre las lagunas del Rincón y Santiago como pequeños mares de aguas cautivas anclados en un océano de viñedos.

 Seguir la estela de los viejos trajinantes de vinos y vides, andantes de caminos tras las huellas perennes de los arrieros.

  Transitar la historia en las leyendas recreadas por la vida de los hombres que labraron estas tierras sagradas.

 Contemplar la excelsa arquitectura de los viejos lagares exaltados sobre reverdecidos pámpanos.

 Descubrir las lagaretas blanqueadas como sagrarios catedralicios donde se obra el milagro anual de la transformación del mosto en el nuevo vino, elixir de dioses que saborean los humanos   

 Admirar las inefables vistas de los pueblos encrestados en orografías racimadas de centenarios viñedos. En una palabra, extasiarse con la sublime belleza de las cosas sencillas.

Antonio Maestre Ballesteros