Estimada amiga Leire:

No sé muy bien cuál es la razón, pero últimamente siempre acaba usted apareciendo en mis conversaciones. Se habla de usted, por ejemplo, cuando en el descanso del trabajo tomamos un café y comentamos las medidas anticrisis que ha puesto en marcha el gobierno de Zapatero. Se habla de usted cuando el tema es la juventud de los políticos profesionales. Se habla de usted cuando se trata el tema de los salarios millonarios. Pero sobre todo se habla de usted cuando cualquiera quiere poner un buen ejemplo de lo que es vivir (de puta madre) sin dar un palo al agua. Como puede ver, a los españoles nos gusta hablar de usted. El único problema de todo esto es que lo que se suele decir de usted no es, precisamente, agradable. No sé cuánto de real existe en lo que se comenta a propósito de su sueldo (aunque más preciso sería hablar de “sus sueldos”, a tenor de lo que se dice por ahí) o si todo es una leyenda urbana, una especie de mito propagado por la derechona (hay que ver lo envidiosos que son estos tíos y la mala leche que se gastan) y por los curas, para desprestigiar a una chica progresista (yo sé que a usted le gusta usar esta palabra para referirse a sí misma, por eso la uso, sin ánimo de ofender) con tan buena estrella como es usted (tan apañá, que dicen en mi tierra). Y es que se oyen unas cosas que ponen los pelos de punta. Se oye, por ejemplo, que usted, por ser senadora por la Comunidad Valenciana cobra 5.500 euros al mes. También se oye por ahí que usted, por ser Secretaria de Organización del Partido Socialista (un inciso: ¿este era el de Pablo Iglesias, verdad?) cobra 6.500 euros mensuales y que además, a todo esto, hay que añadir los 103.000 euros anuales que recibe como compensación de cuando fue Secretaria de Estado de Cooperación Internacional (un cargo que le venía como anillo al dedo, oiga usted). Además me ha dicho un pajarito que usted cobra 1823 euros mensuales en concepto de dietas y manutención, a pesar de que usted come prácticamente de gorra día sí y día también, teniendo en cuenta la gran cantidad de saraos, presentaciones de “cosas” diversas, mítines, reuniones, etc., etc., a los que usted, por motivos obvios (inherentes al cargo), asiste todos los días. Vamos, que usted sale mes sí y mes también a unos 20.000 euros. Resumiendo: si hemos de hacer caso a lo que se dice por ahí, en mi opinión, usted gana mucho dinero al mes. Tanto que no tendrá tiempo ni para gastarlo. Y todo eso con apenas 35 años. En cambio, mi padre (y otros muchos como él), que tiene 78 y que ha trabajado toda su vida en el campo en condiciones durísimas, no llega a una pensión de 600 euros y el gobierno de su amigo Zapatero se la ha congelado. Por otra parte, yo, que acabo de cumplir 40, que he estudiado la mayor parte de mi vida duramente para labrarme un futuro, con becas del Estado (evidentemente, por motivos obvios), trabajando los fines de semana y durante los períodos vacacionales, que acabé una carrera y conseguí aprobar una oposición estudiando duramente, que trabajo en un colegio situado en un barrio marginal (al que por cierto, el gobierno de su amigo José Antonio —llamadme Pepe, por favor— Griñán, no ayuda en absoluto) con todo lo que ello implica, ganaba hasta el mes de mayo 1780 euros al mes y el gobierno de su amigo Zapatero (a quien no voté, por cierto, porque yo estoy a la izquierda de usted y de su amigo Zapatero) me lo ha bajado un 5%. Y es de justicia decir que yo soy un privilegiado con trabajo fijo y sueldo mensual. Porque como todos sabemos, este país se encamina sin remedio hacia los cinco millones de parados. ¿Qué puedo decir? Pues que usted y sus sueldos me dan una envidia tremenda (como buen español que soy, aunque no sea nada patriótico, sí que soy bastante envidioso) y, al mismo tiempo, me tocan las narices. También puedo decir que usted, en mi opinión,  de socialista tiene lo mismo que yo de científico astrofísico y que, (siempre en mi opinión, por supuesto), a usted habría que quitarle todos esos sueldos y dejarle una cantidad de, pongamos por caso, dos mil euros, que no está nada mal (aún así, usted seguiría ganando más que la mayoría de la gente de este país). También le puedo decir que usted y los que son como usted me producen, a partes iguales, asco y rabia. Y también le puedo decir que usted y los que son como usted tienen un morro que se lo pisan. Y que yo y los que son como yo, somos unos tontos de remate, básicamente por consentir que personas como usted y los que son como usted hagan las cosas que hacen. En fin, usted ya me entiende. A propósito, sé perfectamente que usted no me va a contestar, pero ahí quedan estas palabras.
Salud

Rafael Calero Palma

Imagen tomada de: www.desdelahabana.net