¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.
(Miguel Hernández, extracto del poema Niño Yuntero)


Cien años hace que Orihuela vio nacer al camarada Miguel, pastor de cabras, hombre, soldado, poeta, dramaturgo. El gran olvidado, se quedó arropado en las estanterías de las bibliotecas, esperando el día en que lo recordaran; el fascismo no sólo le persiguió, lo condenó a muerte, posteriormente lo condenó a cumplir treinta años de cárcel, y finalmente acabó con su vida, sino que además intentó condenarlo al olvido.

Poeta del pueblo, trabajador incansable, militante consecuente, Miguel Hernández es un luchador en la batalla de las ideas, de su poesía se extrae la esencia del pueblo llano, de la conciencia de trabajador, la rebeldía. Es un hombre que cultiva ideas, las defiende y las pone en práctica, un hombre que lucha en una sociedad transformadora, un poeta que no duda en dejar la pluma por el fusil en el momento en que esa sociedad se ve amenazada por las nubes oscuras y las negras tormentas del fascismo.

Quinto regimiento, batalla de Teruel, frente de Jaén, conoce el barro, la sangre, el olor a pólvora, y desde la trinchera sigue escribiendo para el pueblo, durante este periodo viajó a la URSS como representante del gobierno de la República y participó en el segundo Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, celebrado en Madrid y Valencia. Participó junto a la sexta división en la defensa de Madrid. Y sigue escribiendo para ese pueblo al que defiende con poemas y balas.

En Abril del treinta y nueve se ordena su detención tras que “una comisión depuradora” ordene la destrucción de la edición de El hombre acecha, que se encontraba aún en imprenta, se salvarán de esta barrabasada un par de ejemplares que se publicarán en la década de los ochenta. Lo trincan cuando pretendía llegar a Portugal y lo trasladan a un penal en Madrid, de donde consigue salir gracias a que su gran amigo Pablo Neruda, que intercede por el ante un cardenal u obispo, en esos momentos debe de pensar que el exilio no es lo suyo y se queda, en mil novecientos cuarenta es condenado a muerte y posteriormente esta condena se conmuta a treinta años de presidio. Recorrió varios penales de la geografía española para al final fallecer en una Cárcel de Alicante, el veintiocho de marzo de mil novecientos cuarenta y dos, de tuberculosis.

Durante años ha sido condenado al olvido, posiblemente porque no fue fusilado, o se exilió, fue voluntario en el frente, y su condición valiente era un peligro, podía ser un ejemplo para forjar un hombre nuevo, un hombre trabajador, con ideología, reivindicativo, intelectual, y que era capaz de defender sus ideas. Dicen que tras su muerte no pudieron cerrar sus ojos, Tus grandes ojos azules abiertos se quedaron bajo el vacío ignorante, escribió Vicente Aleixandre en un poema después de la muerte de su amigo Miguel, y tal vez por que quería enfrentarse a la muerte con la misma valentía con la que afrontó la vida.

Este año te he visto en televisión, carteles, pegatinas, camisetas, ahora se acuerdan de ti, y algunos simplemente lo hacen de una manera efímera, refiriéndose a ti como el poeta de Orihuela, como el fantástico dramaturgo de la generación del treinta y seis e incluso del veintisiete, no hablan del pastor de cabras, no hablan del hombre comprometido con la tierra, no hablan del amante arraigado, no hablan del padre preocupado, no hablan del militante comunista, no hablan de la poesía comprometida con el pueblo, no hablan de ti Miguel.

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José Pablo Cosano Espino


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