Los elementos de que disponemos coinciden
en señ
alar que el día de su muerte fue un día oscuro y frío.
W. H. Auden

Esta mañana de diciembre, antesala del invierno, la tristeza se ha extendido, poco a poco, por miles de corazones. Esta mañana de finales de dos mil diez, los colores son menos brillantes y el sol luce con menos intensidad. Esta mañana, fría y oscura, ha llegado para decirnos que se nos ha muerto Enrique, que no volveremos a verlo sobre un escenario, vestido de negro de pies a cabeza, elegante y pasional, que no habrá más ocasiones para sentarse en la butaca de un teatro a escuchar la voz milenaria del tiempo, la pasión del flamenco hecha verbo y carne. Que todo el mundo se entere. Se nos ha muerto Enrique. El cantaor que hizo del flamenco una revolución permanente, el cantaor que mejor cantó a Vicente Aleixandre, a San Juan de la Cruz, a Miguel Hernández, a María Zambrano, a Nicolás Guillén, a José Bergamín, a Federico García Lorca y a otros muchos poetas. Porque Enrique era el cantaor poeta o el poeta cantaor, el que mejor supo extraer toda la musicalidad que encierra la riquísima lírica castellana. Desde hoy, ya no podremos escuchar esa voz sabia cantar los versos sangrantes de Leonard Cohen arropado por las guitarras afiladas de sus paisanos Lagartija Nick, mientras el tiempo se dilataba hasta el infinito, y después se volvía oro líquido. Se nos ha ido Enrique Morente, el cantaor que se atrevió a poner música al dolor neoyorquino de Lorca, el músico que partió de la más pura ortodoxia para abrir todos los caminos. Morente, el Picasso del arte flamenco, el innovador, el músico de vanguardia, el más respetuoso con la tradición y a la vez el más irreverente, porque para dinamitar lo establecido hay que haber mamado de sus fuentes, conocerlas a la perfección, para hablar con conocimiento de causa, para atreverse a destruirlo todo, y que de la destrucción surja la belleza. Se nos ha muerto Enrique, el cantaor que compartió experiencias con las Voces Búlgaras y con los Sonic Youth, con Juan Habichuela y con Los Planetas. Enrique era todo eso y mucho más. Un genio de la música flamenca. El último gran genio. Que todo el mundo lo sepa, se nos ha muerto Enrique.
Descanse en paz.

Rafael Calero Palma

Imagen: www.buenosairesflamenco.com