Queridos Reyes Magos:
Este año he sido un niño muy bueno. He hecho todos mis deberes y me he comido toda la verdura sin dejar nada en el plato (ni siquiera las coles de Bruselas). He pagado mi hipoteca y mis impuestos (directos e indirectos) religiosamente. He santificado las fiestas laicas (el Primero de Mayo y el 14 de Abril). He salido a la calle a protestar contra los gobiernos de Griñán y de Zapatero por sus políticas de derechas y me he puesto dos veces en huelga.
Como soy muy agradecido y además me tengo por biennacido, quiero agradeceros todo lo que me habéis traído durante este año que ya se acaba. En primer lugar os estoy eternamente agradecido por haber sobrevivido a la crisis, al tráfico, a las inundaciones, a una bajada de sueldo, a varias subidas de impuestos, a la visita del Papa y al Mundial de Sudáfrica con su vomitiva sintonía y su patriotismo de todo a cien.
También quiero daros las gracias por toda la música, todas las novelas, todos los poemas, todos los relatos, todas las películas, las exposiciones que he disfrutado y los conciertos que he visto. En definitiva, por todo el arte que he tenido oportunidad de disfrutar este año.

Dicho todo esto, me gustaría dejaros mis peticiones para el año que está a punto de empezar. Ya os advierto, queridos Reyes Magos, que no me voy a conformar con poco, y que voy a ser muy, pero que muy exigente. Ahí va mi lista.
En primer lugar quiero que, de una puta vez, se termine el hambre en el mundo. Creo que es una auténtica vergüenza que en pleno siglo XXI, haya gente muriéndose de hambre en el mundo mientras que otros, los más  afortunados, despilfarran a manos llenas. Y no me vengáis con rollos de que no se puede, que eso es imposible, que si tal que si cual. Creo que es un problema que tiene fácil solución, pero para ello se requiere una gran voluntad política y el reparto equitativo de los recursos naturales y la riqueza. También quiero que se acaben la injusticia y la guerra. De cualquier tipo y condición. Me da igual de donde venga y quién la provoque: Palestina, Congo, Somalia, Chechenia, Irak, Afganistán, Colombia, Corea, etc. También quiero que se respeten los derechos humanos en todos y cada no de los estados del planeta,
empezando por el mío.
Quiero que la gente sea feliz y solidaria, y que haya trabajo para todo el mundo sin que se resientan las condiciones laborales. Quiero que las conquistas sociales no se vayan a la mierda, porque son el fruto de muchos años (siglos, en realidad) de lucha colectiva y mucha gente ha dado su vida por ellas. Quiero que la educación y la sanidad sean públicas y de calidad y que no se desmantele el enclenque estado de bienestar español. No quiero jubilarme a los sesenta y siete años.
Quiero que los políticos no nos tomen por imbéciles, con sus mentiras y sus corrupciones y sus promesas que ya nadie en su sano juicio se cree. (Por favor, políticos, prometed sólo aquello que podáis cumplir, cosas del tipo, “Prometo que iré todos los días a trabajar”, con eso me doy por satisfecho).
También deseo, ya puestos a pedir, que el sistema capitalista muera de muerte natural, y que de sus cenizas surja un sistema nuevo, en el que el ser humano sea lo más importante y no sólo una mercancía de usar y tirar (como hasta ahora). Por último, queridos Reyes Magos, quisiera pediros que el sistema en el que vivimos ahora se convierta en una auténtica democracia, en la que el Jefe del Estado lo sea por méritos propios y no por su cuna, donde el lema “una persona, un voto” sea una realidad objetiva y no sólo un eslogan utópico y donde el poder real lo ejerzan la ciudadanía y los políticos libremente elegidos y no los bancos, los mercados financieros y las grandes corporaciones
económicas, como ocurre ahora.
Como veis, no me conformo con poco.
Salud, Reyes Magos.
 
Rafael Calero Palma