A mí no me gusta el fútbol. Aunque sería más preciso decir que no me interesa. No sigo la liga ni la champion ni la copa del rey. No sé quién gana o quién pierde, quiénes son los máximos goleadores o los porteros que paran más penaltis. No leo prensa deportiva y en la generalista, normalmente, paso de la sección de deportes. Dicho todo esto, admito que sé muy bien quien es Mourinho. Y es que, sin duda, José Mourinho es tan famoso como el presidente del gobierno y mucho más famoso que la gran mayoría de los ministros del gobierno  de la nación o que el presidente de cualquier comunidad autónoma. A este individuo lo veo todos los días. Sin falta. No pasa ni un solo día sin que el entrenador del Real Madrid se cuele en mi casa a la hora de almorzar. Se ve que el tío da todos los días una rueda de prensa. Y con esa mala hostia que se gasta, pues lo sacan a diario en todas las televisiones, le dedican portadas en los periódicos, hablan de él los tertulianos en la radio, etc.
Viene todo esto a cuento porque no entiendo los motivos que llevan al técnico portugués a gastar esa mala hostia que se gasta. No entiendo porqué una persona que tiene ese trabajo, con ese sueldo, con todos sus beneficios sociales, puede vivir en un permanente estado de cabreo, en un enfado perpetuo. Y es que, como cantaba Lapido, Mourinho está siempre “furioso con el mundo”. No quiero ni pensar que pasaría si el tío fuese albañil y se hubiese quedado en el paro. O si cobrara los 426 euros que Zapatero le va a suprimir el próximo mes.
A mí se me ocurre que, para ahorrarle todos esos malos tragos, su empresa podría contratar a un portavoz para que hablara en las ruedas de prensa. Alguien con un perfil más cercano, más amable, más simpático. Una persona para la que sonreír o dar las gracias no sea algo excepcional. Alguien que no encabrone a la prensa. Algo parecido a lo que ha hecho Zapatero con Rubalcaba. O en su defecto que le regalen un libro de autoayuda para que aprenda a canalizar su furia.
Conclusión: Creo que en el mundo, en nuestras vidas cotidianas, en nuestro día a día, ya tenemos suficientes conflictos como para aguantar las mamarrachadas y los malos modos de Mourinho. Que alguien le diga que se relaje y se ría un poco, que le va a dar algo.
Rafael Calero Palma

Imagen: www.ymadrid.com