La economía europea está enferma, y se ha convertido en un cuerpo gangrenoso que infecta cualquier parte que no esté totalmente en sintonía con el imperio. Después de un verano en que Grecia parecía ser el dedo gordo supurante y sobre el que había que poner toda la atención, hace unos meses las noticias nos despertaban alarmadas, nos encontramos con que Irlanda y Portugal pueden tener una costra, a punto de segregar pus e infectar entre otras partes del cuerpo mórbido, a España.

Pero la culpa de esta situación la deben de tener los trabajadores que cuando los despiden quieren ser indemnizados, o los jubilados que después de toda una vida de trabajo, se quedan en su casa descansando y pretenden cobrar una paga por no hacer nada.

Asistimos a una debacle en que la socialdemocracia, que ha perdido su funcionalidad en el estado neoliberal, intenta sobrevivir reflotando al capitalismo herido de muerte. Y que con sus últimas coletadas y con sus ondas expansivas, no dejará vestigio alguno de derechos sociales. Reforma del estatuto de los trabajadores, instituyendo a estos como esclavos, cuyo único derecho es mantenerse mudos, porque como no podía ser menos, el trabajador no tiene derecho a protestar. Para ello instauran la ley del miedo, “si te movilizas te pueden despedir”, “¿cómo te movilizas contra un gobierno de izquierdas?”. Eso sí, saben sacar tajada incluso cuando las cosas se mueven en su contra. La huelga general que fue todo un éxito, no gracias a los sindicatos mayoritarios, dicho sea de paso, se ha convertido en el parapeto donde medir las fuerzas y decirle a la oposición, “cuidado majete que controlamos a los sindicatos mayoritarios y esto es lo que vas a tener en la próxima legislatura, en la que tú gobernaras, pero tendrás en la calle a una masa de lacayos dirigida por los sociatas”.

Pero lo que fue uno de los pilares que fundamentó la huelga general del 29S, se convierte en el acuerdo que reforma el Sistema Público de Pensiones, nuevo varapalo para la clase obrera española. Los sindicatos del sistema vuelven a venderse por un plato de lentejas, y dejan a los trabajadores cada vez más indefensos.  Estos sindicatos que no solo están colaborando con el sistema en recortar los derechos que a los trabajadores les costó sangre, cárcel y en muchos casos depuraciones, sino que además, con su alevosía, colaboran, si cabe, con la desorganización de la clase, traición tras traición. Pues los trabajadores están cansados de la corruptela política y sindical.

Aunque esto no es nuevo, Margaret Thatcher en los ochenta ya consiguió la derrota de la clase obrera en Inglaterra, reduciendo el poder de sus sindicatos, de la misma manera que lo está haciendo la socialdemocracia española, quien paga manda, y los sindicatos no son otra cosa que una marioneta del estado. Y con la sanidad pública hizo lo mismo la llevó a tal degradación, que incluso había ratas en los quirófanos. En este afán de privatización donde la rentabilidad es lo que cuenta, los enfermos se convierten en clientes y el servicio en renta.

Y la casa se lleno de llamas, y con la flama llegaron las privatizaciones, el treinta por ciento de la gestión de los aeropuertos, la lotería nacional, que no es más que la antesala de la privatización de la sanidad publica. La privatizaciones de las empresas públicas no es más que el reconocimiento del fracaso de gestión de un gobierno, pero si le damos un giro más a la tuerca, nos puede venir a la memoria la privatización de Telefónica, con la que Aznar hace millonario a un compañero de partido, compra un grupo de comunicación al servicio del PP, y todo ello con dinero público, a estas alturas no sé cómo algún juez, o fontanero del estado no le ha metido mano a un delito tan aberrante como este. Y es que estamos hablando de que con el dinero de los impuestos de los españolitos, se han pagado las dos nuevas terminales de los aeropuertos de Madrid y Barcelona y ahora pretenden ponerlas en manos privadas. Y que con la lotería nacional el estado se embolsan un porrón de millones que dejarán de entrar en las arcas del estado para engrosar las arcas de la empresa de turno.

Y en este robo a mano armada a los ciudadanos quieren meternos a todos en el mismo saco, algún economista de prestigio decía de una manera muy elocuente, que esta crisis es un fracaso de todos, pues mire no, al menos no es el fracaso del pobre trabajador que llega con su salario para poder dar de comer a sus hijos, o del pequeño comerciante que trabaja de sol a sol para poder mantener a flote el trabajo de toda una vida.

El mundo de los imperios está en crisis, y en este sálvese quien pueda, lo mas lícito es empujar hacia el fondo a tu oponente e intentar que no haga pie, y de tal manera muera por asfixia, de este modo Europa aprovechó la situación de decadencia económica de USA, los americanos que parece, y solo digo parece, que han podido poner pie y respirar un poco, en estos momentos se benefician de la situación de Europa, y de paso, como a río revuelto ganancia de pescadores, China se aprovecha de la situación de los dos.

Pero todo esto es muy loable, el sistema capitalista tras de la caída del muro no tiene opositor contundente al que enfrentarse, ya no es necesaria la farsa neoliberal del estado del bienestar, con sus conquistas sociales, es el momento de recortar para conseguir los máximos beneficios. De esta forma  puede desarrollar su tarea libremente, acumulación de capital y competitividad, los grandes imperios comienzan su competencia y aunque el capitalismo se retro-alimenta de crisis cíclicas, su avaricia, egoísmo, sordidez les lleva a una crisis sistémica, donde puede empezar la debacle de mismo.

Y en estas nos visitó la Merkel, y sus frases lapidarias “la inflación no debe influir en los salarios”, son significativas estas declaraciones teniendo en cuenta que vienen de la presidente de un país que ha salido de la crisis chupándoles la sangre a los demás países de la Unión Europea. Y es que Alemania ha ganado Europa, sin la necesidad de pegar un solo tiro. Y es que el sistema capitalista de su propia miseria, obtienen beneficios.

Hace unos meses asistí a la presentación de un libro en Córdoba, en el que intervino un político que fue alcalde de Córdoba y diputado, en su intervención instó a los trabajadores a reconstruir organizaciones que apostaran por el socialismo, como salida a la situación impuesta por el capitalismo. Asimismo reivindicó el papel fundamental que en esta apuesta por un mundo nuevo, deben de protagonizar los intelectuales. Una arenga llena de buenas intenciones, en la que incluso cito a Allende, “la historia es nuestra, y la hacen los pueblos”. Un discurso rimbombante, muy bien adornado para dirigir a las masas a la conquista del palacio de invierno.

Aunque Julio, debes de estar falto de memoria, porque tú y tu grupo votasteis SI al tratado de Maastricht, votasteis SI a la Europa del capital, y no a la Europa de los pueblos como hubiese dicho Allende. Eso sí, de una manera muy digna, votáis con un sí critico, que debe de ser, que en el congreso de los diputados, al lado de botón del sí, debe de haber otro botón, con el que se vota afirmativamente sin remordimientos de conciencia. En esos momentos muchos obreros y muchos intelectuales advirtieron de las consecuencias de ese tratado. Y aquellas aguas trajeron estos lodos.

Por supuesto que es el momento de la batalla de las ideas, pero desde la honradez y la honestidad, porque como dijo un intelectual hace ya muchos años, es el momento de acabar con el estado tal y como lo conocemos y eso solo se puede hacer con firmeza y un proyecto socio político, que atienda las necesidades de la clase trabajadora, porque si algo nos ha demostrado la historia, es que la izquierda cautiva del sistema lo único que sabe hacer es cambiar todo, para que todo cambie sin que no cambie nada.

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José Pablo Cosano Espino