Apenas cuarenta y ocho horas después de comenzar su labor profesional como protector de la integridad física de los amplios acerados de la calle Santa Brígida (recuérdese que, tras unas largas obras, dicha vía fue abierta al tráfico el pasado domingo), uno de los nuevos chirimbolos instalados ha fallecido. Desconocemos si la causa del óbito ha sido debida a una enfermedad congénita (raquitismo, endeblez…) o a la acción homicida de alguno de los miembros de la L.S.A.Y.D.C.Y.O.M.U (es decir, la Legión de Salteadores de Aceras y Destructores de Chirimbolos y Otro Mobiliario Urbano) existente en nuestro pueblo. Sea lo que fuere, la alarma ha cundido entre los compañeros del finado, porque también entre los chirimbolos circula ese dicho tan humano de que “cuando las barbas de tu vecino veas rapar, pon las tuyas a remojar”.

R.I.P.A.