Esta mañana, la calle Virgen de Lluc del distrito de Ciudad Lineal de Madrid ha amanecido tomada por los efectivos de los antidisturbios. No es que los servicios de inteligencia hayan descubierto un piso franco de ETA ni que un comando de integristas de AlQaeda se haya establecido en el barrio. No, qué va. No es eso. Los antidisturbios estaban allí porque un gran peligro se acechaba sobre el barrio, sobre la ciudad entera y, ante todo, sobre el sistema capitalista.

Una mujer de 53 años, en paro y con dos hijos, uno de ellos con un grado de minusvalía del 77 por ciento y la otra licenciada en paro, no puede pagar su hipoteca. La entidad bancaria que le hizo el préstamo, la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), esa misma caja que ha suspendido el examen de la Unión Europea y que por tanto va a ser auxiliada con dinero público, ha comprado el piso en la subasta y ahora ha puesto toda la carne en el asador para que esta mujer y sus dos hijas vayan a la puta calle. Un negocio redondo. Le hace el préstamo, le quita el piso, y a seguir cobrando.

Ya hubo un primer intento de desahucio el día 6 de julio, pero gracias al apoyo de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, no se pudo llevar a cabo. Sin embargo, esta mañana, la jueza, María Trinidad Cepa Palanca, ha cambiado de estrategia y ha pedido al Ministerio del Interior, con su flamante nuevo ministro al frente, que se dejen de chorradas y que pongan los medios necesarios para que se ejecute el desahucio, no vaya a ser que cunda el ejemplo y la gente se rebote y aquí no pague ni dios. Así que a las ocho de la mañana el barrio parecía un estado paramilitar debido a la presencia de 12 furgonetas de la Policía y 40 agentes antidisturbios (han leído bien, 12 furgonetas y 40 agentes antidisturbios). El desahucio, por supuesto, ha sido todo un éxito.

María José, que así se llama la mujer, ha salido al balcón de su casa a darles las gracias al grupo de unas 200 personas que se ha concentrado allí para defenderla de la avaricia sin límites de la caja y ha aprovechado para matizar que ella no es morosa sino pobre, algo muy distinto.  Y es que los tres miembros de esta familia viven con los 688 euros que recibe el hijo al mes (520 por su discapacidad y 168 por la Ley de Dependencia).

Mientras tanto, en la España de Zapatero y Rubalcaba, los miembros de la clase política, sin distinciones, siguen disfrutando de todos y cada uno de sus privilegios, de sus sueldos galácticos, de sus coches oficiales, de sus mangoneos varios, de sus ropas caras, carísimas y de los restaurantes de lujo, mientras un montón de gente carece de lo básico: comida diaria y un techo digno bajo el que cobijarse. Mientras tanto, en la España de izquierdas del PSOE, los ricos son cada día un poco más ricos, y los pobres, cada día un poco más pobres.
Rafael Calero Palma


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