Hace unos días salía publicada la Orden con los opositores que habían superado el proceso selectivo para ingresar en el cuerpo de maestros. Enhorabuena a todos ellos y ánimo a los que, a pesar de merecerlo, se quedaron en el camino. A estos últimos les digo lo que a mí me respondió un seleccionador de personal de una editorial a cuya entrevista acudí… “no te contratamos porque lo tuyo es enseñar”. Si os gusta la educación que no os desanime este sistema podrido, lo lograréis tarde o temprano.

Y dicho lo dicho, vamos a hablar del “proceso de selección para ingresar en el cuerpo de maestros” y todo desde la perspectiva de un maestro con oposiciones desde hace 21 años, por lo que además de ser una opinión lo que vierto aquí, también soy conocedor de lo que hablo.

La educación es la base de todo el progreso de un país, y en España el gasto en educación es inferior a la media de la OCDE, y así nos va. Pero el problema de nuestro sistema educativo no está sólo en lo que se invierte, sino también en cómo se hacen las cosas. Como muestra el “proceso de selección de maestros”.

En total se han convocado 3796 plazas en Andalucía, a las cuales han acudido 35. 340 aspirantes que han pagado cada uno 68,63€ de tasa por derecho a examen. Pero lo que me preocupa aquí no es que la Administración haga negocios o no con los opositores, sino si el sistema garantiza que los mejores entran para que enseñen a las nuevas generaciones de estudiantes. Porque si en algo estamos de acuerdo es que para nuestros hijos queremos lo mejor. Por ello voy a analizar cuatro variables que influyen decididamente en esta cuestión y de los cuales se verá claramente donde se encuentra el problema, no monetario sino de voluntad de mejorar el sistema.

1.- En primer lugar nos pararemos en los aspirantes, a los cuales creo honradamente que no se les puede pedir más de lo que ya dan, sobre todo por dos razones. Una el sistema que les ha formado lo ha hecho para una realidad totalmente distinta a la que se van a encontrar en las aulas, y esto ha sido así desde tiempos de María Castaña, se sale de la Universidad sin experiencia alguna (las prácticas no son experiencia, son una anécdota) y si no ahí lo tienes: los alumnos con microordenadores y aulas con Pizarras digitales y en las Facultades de Educación sin enterarse de que es una PDI. Y en segundo lugar, porque bastante tienen con vomitar los conocimientos que durante meses han ido atesorando en su cabeza, sin que el sistema les brinde una oportunidad de evaluar verdaderamente sus capacidades.

2.- En segundo lugar, el sistema evaluador en sí. Si en algo podemos llegar a un acuerdo rápido, es que si hay muchos tribunales, muchos evaluadores y muchas sedes, todos deben tener los mismos criterios a la hora de evaluar y otorgar notas al objeto de mantener la igualdad de oportunidades entre todos los aspirantes. No es de recibo que unos tribunales puntúen al alza, otros a la baja  o no se encuentren físicamente igual cuando evalúen al primer aspirante el primer día de examen que al que ha tenido la mala suerte de tocarle un día en medio, o al final o después de varias horas de corregir soportando el calor veraniego. Y la solución es tan simple como un examen tipo test, donde la objetividad es total para todos en todo momento y la subjetividad del evaluador está fuera del proceso de selección.

Dentro de este elemento distorsionador del sistema de selección también se encuentra ausente un elemento que jamás se han incluido en las pruebas y que a mi parecer es básico. Se trata del elemento psicológico, no todo el mundo vale para ponerse delante de una clase, para poder hacerlo además de demostrar conocimientos, debes demostrar actitudes y prueba de ello lo tenemos en nosotros mismos… ¿cuántos maestros/as hemos tenido que no han sabido conectar las materias con nuestros intereses?, ¿cuántas veces no hemos estado al borde del sopor escuchando interminables parrafadas desmotivadoras?, ¿cuantas veces no hemos visto actitudes no deseables en personas que deben ser modelos a los ojos de sus alumnos/hijos?… Pues ¡HALA!, para el sistema educativo lo mismo vale uno que otro, si ambos demuestran conocimientos teóricos.

Y por último en este apartado, es curioso y desalentador ver como la Consejería de Educación está gastando partidas ingentes de dinero en la compra de micro ordenadores portátiles para los alumnos del 3º Ciclo de Primaria y 1º Ciclo de la ESO, en formación del profesorado mediante cursos de actualización en tecnología de la información y la comunicación, así como en Pizarras Digitales Interactivas (PDI) y a los opositores que se presentan al proceso seleccionador no se les haga ninguna prueba de conocimientos básicos en estas tecnologías (por experiencia con prácticos en clase, de Twitter, Facebook y Messenger están puestos, pero en PDI, manipulación o creación de material educativo digital y/o blog educativos están pegados).

3.- En tercer lugar lo ocupa el sistema de formación del profesorado, del cuál ya he dado unas pinceladas en los dos puntos anteriores. El caso es que por lo que se ve en los prácticos, interinos nuevos y nuevos opositores aprobados con escasa experiencia en clase, de teoría están a la última, pero de didáctica, que es al final de cuentas la teoría bien llevada a la práctica en clase, también estan muy, pero que muy necesitados; es decir les falta la conexión con el mundo real. Es como si un médico supiese toda la teoría sobre cirugía cardiaca y jamás lo hubiese practicado (con maniquís, cadáveres,…) y lo metiesen directamente en un quirófano a operarte. Y vayan a pensar los lectores de este artículos que siguiendo los libros de texto cualquiera puede dar clase, por desgracia cuando se investiga y se comparan los libros de texto con las necesidades de las aulas y con los conocimientos básicos que nuestro alumnos deben conocer, se da uno cuenta de lo pésimamente estructurados y elaborados que están,… si no a los resultados me remito.

4.- Y por último y no menos grave, los tribunales evaluadores. La administración ve como lógico que sea el profesorado que da sus clases y que se supone al día de todo, que sea el que evalúe a los aspirantes, y en principio no voy a ser yo el que diga que no es una razón de peso y obvia que el que sabe y trabaja en el tema sea el que examine. Pero el sentido común nos hace ir un poco más allá y preguntarnos varias cosas. En primer lugar se les pone un tope de días para evaluar, pasados los cuales los gastos ocasionados no son pagados por la administración, y con una fecha límite para la entrega de las evaluaciones, esto supone una prisa innecesaria en un proceso en el que se supone que se buscan a los mejores… ya se sabe las prisas no son buenas. Pero por otro lado, no sería lógico pensar que si se trata de evaluar a los aspirantes a maestros, sus evaluadores fuese aquel profesorado que más destaque en su trabajo, que más programas y mejores resultados con sus alumnos tenga, pues no, se les selecciona por sorteo y en un sorteo te puede tocar de todo, porque no voy a ser yo por ser maestro, tan corporativista como para dar por sentado que todo el profesorado en activo es perfecto para evaluar. Y así se dan casos de presidentes de tribunales que evalúan a docentes de especialidades en las que ni siquiera ellos mismo han dado clase, pero eso a la administración les trae al pairo.

Pero no olvidemos que cuando hablamos de administración, que parece como si de un ente intangible se tratase, en realidad estamos hablando de cargos públicos con nombre y apellido, con independencia del partido de turno que los haya colocado ahí, y que son ellos los responsables de las barbaridades que se comenten con nuestro hijos/alumnos y de las ilusiones frustradas de opositores y sus familias.

José Miguel de la Rosa Sánchez

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