Charlábamos hace unos días unos jóvenes amigos, sobre el tema de moda en nuestro pueblo, la obra de la carretera. Como las virtudes de dicha obra, se ven a simple vista y no dan para una conversación, porque además, son escasas, concluíamos, como la mayoría de nuestros vecinos, en los graves, a nuestro humilde juicio, defectos de la misma. Hablábamos, de la estrechez de la carretera, de la incoherencia del carril bici(que hay que cambiar de acera para seguir su linde), como no, intentábamos descifrar el significado de ¿los jacuzzi? que nos han construido en la inesperada, también tuvimos tiempo para criticar el cercado de valla de alambre, y por último, los ya famosos “balones de hormigón”, que cual, cacatúa de conejo gigante, parece que han desperdigado por Aguilar. Ah, y por supuesto, también hablamos de los badenes, y del que tuvo en gracia diseñarlos.

En un momento dado, se desvió la conversación, hacia otros problemas urbanísticos de Aguilar. No nos olvidamos del llano, no entendíamos, por ejemplo, que nadie se preocupase de limpiar esas losas de piedra blanca que le han puesto, y que a mi personalmente, me cambian el concepto de llano de pueblo que tenía, por el de plaza de una nueva y moderna urbanización.

Precisamente, hablando de esto último, alguien comentó, lo que en la calle San Vicente, y Moriles, había pasado. Fácilmente, todos nos encendimos de nuevo, criticando el reciente firme que han colocado en estas calles. Una amiga, dijo algo que me impactó: ¿Cuanto habrán presupuestado para el arreglo de esta calle, y luego solo la han hormigonado…? La conversación, derivó en otras cuestiones, y ahí dejamos el tema.

Pero fue ayer, entrando la noche y paseando por Aguilar, cuando conducí en moto por la calle Las Eras, calle, que no sabía yo,  había sufrido el mismo ataque que sus vecinas. Esto fue, lo que en realidad me molestó.

Aunque yo he vivido en la paralela Alonso de Aguilar, hasta hace seis años, es Las Eras, una de mis calles preferidas en Aguilar. Allí, vivió mi abuela, por lo que día si, y día también, estaba en esta calle. Era esta, mi calle de paso diario, el garaje para la bici, la distracción cuando me aburría en mi piso. Era una calle de un pueblo. Recuerdo como mi abuela contaba historias de como era la calle(si, es verdad, antes fue de tierra) y sus aledaños en tiempos pasados. De hecho, aun no puedo pasar por esa calle, sin levantar la vista, a la altura de la casa de mi abuela e imaginar que ella aun está… Muchos recuerdos, en definitiva.

Es por todo esto, que aunque el paseo en moto, reconozco, puede ser más agradable para el conductor ordinario, y si, también menos sonoro para los vecinos(es Aguilar uno de los pueblos más ruidosos, por el transitar de vehículos sobre el adoquinado), me dejó este paseo, una sensación, como se puede apreciar en la foto adjunta, de obra sin terminar o de polígono industrial. Y me planteé una pregunta rápidamente, ¿Por qué estas calles(y sus vecinos, fundamentalmente) no se merecen un adoquinado, como otras, que recientemente, también han estado en obras? Santa Brígida, sin ir más lejos. Quizás, el nombre de Las Eras, no sea lo bastante sofisticado como Ana María Soto y Alhama, pero estoy convencido, de que si esta calle, estuviera en otra parte del pueblo, la hubieran tratado de otra forma.

Estoy seguro, que la mayoría de los lectores, no verán importancia suficiente, para dedicarle unas líneas a esta calle. Pero en realidad, simboliza lo que está pasando en nuestro pueblo. Quiere dar el paso a ciudad, pero no puede, y se queda a medio camino. Probablemente, sea yo, en el futuro, quien cuente a mis nietos, como antes, Aguilar, fue un pueblo.

Antonio Cabello Berlanga.