En nuestro afán por contribuir a la difusión de la historia reciente de Aguilar de la Frontera, nos hemos decidido a crear una sección en la que se recojan, en unas breves líneas, las biografías de algunos de los muchos personajes destacados relacionados con el pueblo, bien por nacimiento, bien por residencia.

Comenzaremos con Gerónimo Palma y Reyes, a quien en su día dediqué un artículo titulado: “Jerónimo Palma: aguilarense, republicano, diputado” y una ponencia, en prensa, titulada “Nota biográfica del diputado aguilarense Gerónimo Palma”. Es llamativo el hecho de que su recuerdo haya prácticamente desaparecido no sólo en su pueblo natal, sino también en los libros de historia cuando fue una personalidad política de primera fila en el tránsito entre los siglos XIX y XX, compañero de fatigas y amigo de los grandes prohombres del federalismo como Francisco Pi i Margall, Nicolás Estevanez, José M. Vallés i Ribot, Eduardo Benot, Francisco Pi i Arsuaga, etc.

Nuestro protagonista nació en Aguilar de la Frontera el 21 de mayo de 1846, hijo del hacendado Francisco Palma, aguilarense, y de la lucentina María Araceli Reyes Ramírez de Arellano. Huérfano desde niño, se crió con su tío el presbítero Justo de Palma. Cursó el bachillerato en Córdoba y se licenció en derecho en la Universidad Central de Madrid.

El estallido de la Gloriosa en septiembre de 1868 supuso el salto de Palma a la escena política. En estos momentos, vinculado al Partido Progresista o al Demócrata, forma parte de la Junta Revolucionaria elegida en la localidad. Bien pronto, sin embargo, evoluciona hacia el republicanismo y trasciende las fronteras de su patria chica. Por no detenernos en exceso, solamente señalaremos un episodio de esta coyuntura: su elección el 10 de mayo de 1873 como diputado por el distrito de Lucena de las Cortes de la I República Española. Tenía 27 años. Tras el infortunado asalto del general Pavía al Congreso, que acabó con el régimen del 11 de febrero, el nombre de Palma acompañará al de diversas personalidades en una reclamación dirigida al Tribunal Supremo en la que protestaban contra lo sucedido.

Una vez restaurada la monarquía borbónica en la persona de Alfonso XII, continúa su intensa actividad. Durante un tiempo permanece en Aguilar donde se dedica a la atención de sus propiedades y a impartir clases en el colegio de Nuestra Señora de la Concepción. A partir de 1882 traslada su residencia a Madrid. En la capital del reino abrirá un despacho como abogado y se asentará como uno de los líderes del republicanismo federal, sobresaliendo en su labor como propagandista en mítines y conferencias a lo largo y ancho de toda la geografía española.

Entre 1883 y 1910 será el candidato republicano a Cortes en el distrito de Montilla (a veces concurrirá, simultáneamente, por otros distritos). Ello le llevará, pese a mantener su residencia en la Corte, a recorrer en multitud de ocasiones todos sus municipios, estableciendo intensos lazos y haciendo que su nombre fuera querido y respetado incluso por sus adversarios políticos (es significativo el hecho de que, al menos en Aguilar, Montilla y Castro del Río, se le dedicaran sendas calles). En estos procesos electorales hubo de enfrentarse con significados nombres de los partidos del turno: Antonio Aguilar Correa, marqués de la Vega de Armijo, José Fernández Jiménez, los aguilarenses Juan de Burgos Luque y Emilio Gutiérrez Cámara, el poeta pontanés Manuel Reina, José Marín Cadenas, etc. A pesar de las dificultades inherentes a un sistema que falseaba las elecciones, consiguió el acta de diputado en 1891 y 1899, si bien en otras contiendas no alcanzó el escaño por fraudes evidentes (por ejemplo, en 1903).

En 1901, tras el fallecimiento de Pi i Margall, fue uno de los componentes del Directorio que tomó las riendas del federalismo español.

Murió en Málaga, ciudad a la que se había trasladado para pasar una temporada, el 4 de marzo de 1913. Allí permanece enterrado.

Diego Igeño Luque