La reciente muerte de  Manuel Fraga Iribarne “que en  gloria esté”, me ha traído al recuerdo una curiosa anécdota  que me contaba  hace algunos  años un amigo, que según él,  protagonizó el entonces párroco de Aguilar,  Lorenzo Hurtado Linares, con ocasión de un viaje que éste realizó a la ciudad de Santiago de Compostela con motivo de uno de los años santos Jacobeos.

Me contó que estando viendo  por  televisión la Misa que se celebra en la Catedral de Santiago  el día del Santo, distinguió entre los sacerdotes oficiantes al párroco de Aguilar. Tiempo después, cuando coincidió en él  en el  pueblo, le pudo la curiosidad y  le preguntó si era real  que hubiese estado en dicho lugar  aquel día,  o  se había confundido mi amigo.  La respuesta del sacerdote fue afirmativa, y además le contó las peripecias y casualidades que se dieron para que él formase parte del equipo sacerdotal que concelebró la Función votiva del Santo.

Según relató mi amigo la historia, el citado sacerdote arribó a la ciudad gallega el mismo día de Santiago, 25 de julio, encabezando una excursión de vecinos de nuestro pueblo  que se desplazaron hasta dicho lugar para ganar el Jubileo.   Estando en la plaza del Obradoiro, a las puertas de la Catedral, y ante la imposibilidad de acceder a ella por estar abarrotada de fieles que esperaban el inicio de la misa, el citado sacerdote resolvió acudir por otra entrada del templo  a saludar a un amigo, no se si sacerdote o no,  que podría estar dentro del edificio.

Parece ser que el intento dio el fruto deseado, y tras comunicarle al amigo de su llegada a través de otra persona, éste le facilitó el acceso y lo guio a su presencia, ya que se encontraba en una tertulia que mantenían varias personas en unas dependencias auxiliares de la catedral. Llegado al lugar, el párroco halló a su amigo departiendo, en una amena conversación, con un grupo de personas que esperaban acceder al templo para asistir al acto. Entre estas personas se encontraba el entonces presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga Iribarne, a quien fue presentado cortésmente el sacerdote por su amigo. Inmediatamente le requirió   Don Manuel  su lugar de procedencia, y  éste le contestó que llegaba desde Aguilar de la Frontera, provincia de Córdoba.

Cuando aún no había terminado de pronunciar  el nombre de nuestra capital, el  propio Fraga le interpeló con una frase lacónica, de esas que él solía soltar: “bonito pueblo, lo conozco y he estado allí en varias ocasiones”. Es el pueblo de Zapatones, un gran hombre, muy trabajador. Tan sólo tiene una falta…,es comunista.

Así sentenció  el entonces presidente gallego sus referencias de nuestro pueblo, que parece ser conocía muy bien, tanto como la andanzas de nuestro paisano Zapatones. La anécdota se remató con una casualidad más, ya que al despedirse el párroco de los presentes con la frase a “si no necesitan nada más de mí”,  ante el  inminente inicio de la eucaristía, fue el propio Fraga quien le indicó;   “pues sí”, ya que esta aquí, y como se ha indispuesto uno de los sacerdotes que iban a participar en la misa, porque no se reviste con su ropa y concelebra usted”.  Parece ser que el asentimiento de sacerdote de Aguilar no se hizo esperar.

Así me la contaron, y así lo cuento yo.

Antonio Maestre Ballesteros