Si faltaba algo para rematar la obra de la travesía de Aguilar ha sido, sin duda, el tratamiento estético que han dado a las cuatro glorietas realizadas para la regulación del tráfico. Si en teoría este proyecto de obra debía embellecer el entorno de las entradas al pueblo, creemos que el objetivo está muy  lejos de haberse conseguido. Parece mentira que técnicos y políticos (los que aprobaron el proyecto), no cayesen en la cuenta de que estos espacios constituyen la imagen de Aguilar, y alguna fuente monumental, o cualquier otro tratamiento, hubiese sido más acertado que estos montones de chinos con forraje que, dicho sea de paso, si algún día llueve con fuerza acabarán esparcidos por toda la carretera.  Como en muchos otros aspectos de esta obra, la sensación que da es que se han quedado sin  presupuesto y han salido al paso con lo primero que han pillado, o se han querido ahorrar más de la cuenta. Vamos, el que certifique que lo que han hecho en estas es ajardinar, es porque el título de “perito” jardinero se lo dieron  podando viñas.