Javier Navascués  

Un análisis ramplón interpretaría la situación generada en Andalucía tras las pasadas elecciones como la segunda vez que “el tren se para en la estación de IU”. Desde el optimismo de la voluntad cabe otra interpretación: es la segunda vez que el pueblo andaluz se planta ante las políticas de la derecha patria e intenta rehacer la historia. Sé que esta es una interpretación voluntarista pero ¿qué es la política sino el ejercicio consciente de la voluntad para cambiar la realidad? Y, por otro lado ¿cuál es la voluntad del pueblo andaluz? Unos, muchos, quieren que gobierne el PP; otros, más, no quieren; eso parece claro. De ahí se infiere con claridad que permitir que Arenas sea presidente de la Junta está fuera de la cuestión.

Lo endiablado de la situación viene de que, descartado lo anterior, hay que elegir entre dejar gobernar al PSOE en solitario, con un pacto más o menos estable de legislatura o entrar en un gobierno conjunto. Dada la posición política del PSOE y su práctica anterior todas estas salidas encierran gravísimos riesgos. Esos riesgos no vienen de que haya poco dinero para hacer políticas más sociales: si hubiéramos sacado la mayoría absoluta habría el mismo poco dinero. Vienen de la connivencia históricamente verificada de los gobiernos del PSOE con los grandes poderes económicos a la que se añade su práctica patrimonialista, cuando no corrupta, al frente de la Junta. Si se les permite gobernar solos, la experiencia dice lo que cabe esperar. Si se participa en un gobierno, es fácil ver el peligro que se corre.

Está fuera de toda duda que es preciso reforzar el papel del Parlamento respecto al gobierno y hacerlo un instrumento de los ciudadanos y las ciudadanas, eso es obvio y no podemos desmentir ahora lo que llevamos mucho tiempo planteando. Por otro lado, si el Parlamento no puede jugar un papel en la democratización y los contenidos de la política, mejor cerrarlo y ahorrarnos el sueldo de 109 diputados y diputadas.

¿Qué garantías adicionales ofrece la presencia de consejeros y consejeras de IULV-CA en el gobierno andaluz? Algo más, desde luego, pero no son suficientes. A quien hay que meter en el gobierno es a la gente. Primero a quienes nos han apoyado, segundo a quienes no habiéndolo hecho quieren una administración pública limpia y al servicio de los ciudadanos y ciudadanas. En definitiva, a ese bloque social aún no explícito que ha derrotado al PP en primer instancia y que tiene que seguir participando.

Por tanto, ¿hasta dónde puede llegar IULV-CA en compromisos de gobierno con el PSOE? Si hay presupuestos participativos, comisiones de control ciudadano sobre los servicios públicos, órganos de supervisión y control social de la acción de gobierno, mecanismos de transparencia, se puede llegar hasta el final. Si eso no lo acepta el PSOE pues tendrá que ser IULV-CA la que lo meta a través del Parlamento. Esto es lo que se puede y se debe intentar: avanzar todo lo que se pueda en la democracia participativa y el control popular.

Si esto se hace entonces el resultado electoral se convertirá en una oportunidad real de cambiar las cosas. No sólo en Andalucía, también en toda España. Mientras escribo estas líneas y estamos pendientes de la negociación con el PSOE y el refrendo de las bases, los alcaldes y cargos públicos de IULV-CA en Cádiz se movilizan exigiendo planes de empleo. Si se mantiene esta dinámica podremos llegar muy lejos, hasta rehacer la historia.