Cofradía y Cofrades durante la II República (III)

Las procesiones de Semana Santa durante los años de la II Republica en Aguilar de la Frontera (I)

Ya desde los años finales de la dictadura de Primo de Rivera se atisbaban indicios en Aguilar de que las cofradías de penitencia se encaminaban a uno de los muchos periodos de decadencia que han experimentado en su larga trayectoria histórica. Entre otras causas, el cambio de Régimen político, la crisis económica, la pérdida de apoyo gubernativo, y sobre todo, el cambio de mentalidad en la sociedad, provocó una constante sangría en la nómina de hermanos,  que se agudizaría en el año 1931 y siguientes, hasta el extremo de dejar prácticamente desestructuradas a las instituciones cofrades, que quedaron reducidas a grupos ínfimos de personas cuyo esfuerzo estaba centrado en la celebración de las tradicionales procesiones.

Es fácil evidenciar la crisis cofrade de ese tiempo cuando se examinan los libros de actas, donde se materializaban las continuas bajas de hermanos, muchos de ellos veteranos cofrades con gran trayectoria en este mundillo[i].  La crisis afectó por igual al conjunto de cofradías aguilarenses, ya que en todas se registran bajas que superarán más del 80% de sus integrantes. Aunque la regla general fue que la causa esgrimida para la baja de hermano obedecía al impago de la cuota, se vislumbra también  que,  tras la cuestión económica, se ocultaba en muchos casos  la desconfianza y el recelo que tuvieron muchos obreros pertenecientes a las cofradías, por el cariz de radicalización que tomó el enfrentamiento entre la Iglesia y la clase trabajadora.

Podemos afirmar que las cofradías se alinearon claramente  con los postulados antirrepublicanos que defendió la jerarquía eclesiástica, y a ello ayudó el control que sobre las Directivas cofrades ejercían los sacerdotes Antonio Jiménez y Rafael Espinosa, y la propia condición social de la mayoría de los dirigentes cofrades que habían sido auspiciados a dichos cargos por los citados sacerdotes.  La salida masiva de  hermanos  pertenecientes a extractos sociales más bajos indujo también a que se visualizase en las cofradías una rigidez ideológica,  al ubicarse la mayoría de las élites cofrades en postulados políticos reaccionarios con la República[ii].      

Correspondió a la cofradía de Nuestra Señora de los Remedios ser la primera que afrontó una salida procesional tras la proclamación republicana. Dos semanas después del 14 de abril, la cofradía celebró una Junta General extraordinaria en la que el hermano mayor planteaba la conveniencia de suspender la procesión del Día de la Cruz[iii].  La propuesta fue rechazada por la mayoría de los asistentes.

Por el hermano mayor se dio conocimiento de que aproximándose la festividad antes indicada y reconociendo que los momentos que se atravesaban de poco respeto para la procesión, propuso este que se suspendiera la Función y procesión que debía de celebrarse el día 3 de mayo, y no estando conforme los hermanos con este acuerdo tomado pidieron a esta Directiva que se celebrase como todos los años y que ellos respondían de garantizar el orden bajo sus responsabilidad. Esta Directiva accedió inmediatamente a la petición hecha por los cofrades[iv].   

Ese año era hermano mayor de los Remedios Manuel Ordoñez Pastor, y quizás las movilizaciones sociales que acompañaron a la  proclama republicana,  en los días siguientes al 14 de abril, pudieron inducir a este hombre a solicitar la suspensión de la procesión, aunque esta apreciación no la compartieron el resto de hermanos de la cofradía. Conocida la militancia política de Manuel Ordoñez al ser uno de los activistas de la Agrupación Tradicionalista de Aguilar (falangistas), también cabe el supuesto de que su posicionamiento respondiese a intereses más políticos que de seguridad, por el provecho que se tubo por estos sectores de la cuestión religiosa para  desacreditar al Sistema republicano.  

La siguiente cofradía que afrontó la disyuntiva de sacar su Imagen Titular a la calle fue la del Cristo de la Salud, ya que por esos años, aún se conservaba la tradición de sacar en procesión al Cristo en el mes de Septiembre, coincidiendo con la festividad de San Miguel. Por lo que se deduce de la documentación manejada, el Ayuntamiento autorizó la procesión haciendo recaer la responsabilidad en el hermano mayor. Éste, optó por no asumirla y suspendió sin consultar con la Junta General la salida de ese año. 

No esta de más señalar como eximente de la postura que tomó este hermano mayor el que el Barrio Bajo constituía el foco más activo de la  lucha obrera en Aguilar, aunque tampoco hay elementos de juicio  que permita valorar el riesgo real o ficticio que podría haber corrido la procesión de haberse celebrado. 

Se dio cuenta también de los motivos que habían asistido para no sacar en procesión el día de San Miguel a Nuestro Santísimo Cristo de la Salud, habiendo sido el motivo el que la autoridad competente acumuló en su hermano mayor toda la responsabilidad que pudiera haber habido con motivo de la procesión y no creyendo la directiva que era justo cargar sólo al presidente dicha responsabilidad, se desistió con gran pesar y sacrificio a tan humano y tradicional acto[v].

Con estos antecedentes se acercaba el tiempo de la primera Semana Santa, tras la proclamación de la República y la aprobación de la Constitución de 1931, en cuyo artículo 27 se recogía el punto referente a la Religión, especificando que:    

Todas las confesiones podrán ejercer su culto privadamente, las manifestaciones públicas de culto habrán de ser en cada caso autorizadas por el gobierno.   

Con la  legalidad republicana  vigente, los libros de actas de las cofradías de Aguilar reflejan que la mayoría de ellas optaron, con mayor o menor grado,  por solicitar el preceptivo permiso para celebrar las procesiones. No siguió esta dinámica la Directiva de la Hermandad del Santo Sepulcro que se posicionó claramente en contra de la salida de la procesión, aunque convocó para ratificar tal decisión a la Junta General:

Seguidamente se dio cuenta del objeto de la reunión que era cambiar impresiones sobre los actos de la próxima Semana Santa y vistas las circunstancias tan especiales y críticas por las que atraviese la cuestión social en España y en evitación de que pueda ocurrir algo desagradable, se acuerda que no haya procesión, sin perjuicio de que el próximo domingo citar a la Junta General extraordinaria para que confirme este acuerdo o lo modifique en la forma que tenga por conveniente. Si en Junta General se corroborara este acuerdo es opinión que se haga el quinario y Función con el lujo que permita la situación económica de la cofradía.  

Además del Santo Entierro, una de las primeras cofradías en abordar la salida o no en la Semana Santa de 1932  fue la de Jesús Nazareno, celebrando una reunión con tal fin el día 7 de febrero, reunión en la que se alcanzó el acuerdo de celebrar la procesión  tras vertirse varias opiniones sobre el  horario:

Propone el señor Leiva Aragón que salga el Señor a las 6 de la mañana y se encierre la procesión a las 10 y todos los hermanos vallan al lado del Señor con orden y no haya música debido a las circunstancias.

El hermano mayor dijo que con respecto a la salida de la procesión que saldrá Nuestro Padre Jesús a las 4 de la mañana que es su hora oficial si las circunstancias lo permitían[vi],

Según se desprende de la documentación consultada, con excepción del Santo Entierro, las demás cofradías: Caído, Remedios, Humildad, Nazareno, Amargura, Salud, Dolores y Resucitado, debieron hacer frente común para alcanzar la preceptiva autorización que les permitiese realizar las solidas procesionales, al menos así parece desprenderse de la lectura del libro de actas de la cofradía de los Remedios:

Por el hermano mayor se dio conocimiento de que habían sido convocados a una reunión todos los hermanos mayores de las cofradías para hacer una visita del señor Gobernador para pedirle autorización para celebrar las procesiones de Semana Santa por haberles negado dicho permiso para celebrar dichas fiestas en esta localidad.  

continuará

Antonio Maestre Ballesteros



[i] En noviembre de 1931 la cofradía de Nuestra Señora de los Remedios se ve obligada a dar de baja a 44 hermanos por descubiertos en las cuotas. Entre ellos figuraba Antonio Mejías, hermano mayor durante los años de la dictadura Primorriverista.

[ii] Un ejemplo claro de que en los listados cofrades se aglutinaban distintas tendencias ideologías lo constituye lo acontecido en el año 1932 durante el entierro de Carmen Toro Galisteo, hermana, junto a su esposo, Antonio Cuéllaga Ríos (militante socialista), de la Cofradía de Jesús Nazareno. Cuando aparecieron en el domicilio de la difunta el cura y la insignia de la cofradía para celebrar el entierro, el marido rechazó que estos participaran en el funeral. Ante este hecho la cofradía decidió satisfacer el gasto del funeral, advirtiendo que en lo sucesivo no se pagaría ningún entierro que no se realizase tal como mandaban los Estatutos y conforme a la Religión Católica.     

[iii] Estudios realizados sobre la motivación y finalidad que sustentó el posicionamiento que mantuvieron los hermanos mayores de las cofradías sevillanas con respecto a la salidas de sus cofradías han considerado probado que en muchos de los casos la negativa de estos a realizar la salida procesional obedecía a una medida de presión por parte de determinados dirigentes en aras a conseguir sus fines de frustración social y posterior instrumentalización política de la Semana Santa en contra del sistema político republicano. 

[iv] ARANDA DONCEL Juan. Historia de la Semana Santa de Aguilar de la Frontera. P, 217. Ayuntamiento de Aguilar de la Frontera. 

[v] Libro de Actas cofradía Cristo de la Salud. Junta General 1 octubre 1931. P.39.

[vi] ARANDA DONCEL Juan. Historia de la Semana Santa de Aguilar……,.217