En la madrugada del sábado al domingo y, seguramente, empapados por esa ola de patriotismo que nos ha recorrido en las últimas semanas, mezclado con alguna sustancia euforizante, un grupo de individuos se entretuvo en encaramarse a la fachada del juzgado y robar la bandera de España que colgaba en ella. Seguramente también, previniendo que el domingo estaban cerrados los chinos y que España era claro favorito para ganar el mundial y habría que ir a la fuente a celebrarlo, como así fue.
Llegó el domingo y pasó lo que tenía que pasar, que ganamos. Y fuimos a la fuente, y allí había muchas banderas de España pero me llamó una en particular la atención por grande y descolorida, tenía que ser esa. Pero lo más curioso del caso es el final, que la bandera apareció en el balcón del juzgado la mañana del lunes. Eso sí, un poco mojada.



