Tras la estela de la riada

Transitar por los caminos y carreteras que circundan el término de Aguilar permite  visualizar los estragos que ha dejado en nuestros campos y tierras de labor la riada del día 16 de agosto. Una visión que proyecta la realidad de la catástrofe en el ámbito agrario y sus consecuencias más directas en los cultivos.

Si encaminamos nuestros pasos por los márgenes del río Cabra a partir de la Fuente del Aljamil, contemplaremos el sombrío escenario que ha dibujado el aluvión de agua y fango en las tierras invadidas por el desbordamiento del río y arroyos de la zona. Se nos pondrá de manifiesto cómo la desertización, agravada por las torrenciales lluvias, ha arrastrado en muchas fincas la totalidad  de las tierras de labor, dejando a la intemperie las raíces de olivos y viñas, o cómo la feracidad del caudal ha originado verdaderas cataratas y desfiladeros en los cauces de los antiguos arroyos. 

Resulta asombroso contemplar cómo el agua ha sobrepasado en altura las copas de los olivos y cómo los embalses provocados por la obstrucción del cauce del arroyo del Pinto han llegado a rebosar, en el pozo de la Soledad, por el viaducto de la vía férrea. En definitiva, infinidad de imágenes que dimensionan lo ocurrido y nos permiten valorar su magnitud y la suerte que nos a acompañado para no tener que lamentar un mayor número victimas mortales.

Del conjunto de la ruta andada destaca el recinto de la Romería donde la huella de la riada se hace más evidente si cabe ante los daños y destrozos que presentan las casas de las hermandades y el propio Santuario. A este último aún no se puede acceder por el barro acumulado que mantiene soterrada a la propia Fuente don Marcelo.

Contemplar este paraje en el estado que presenta tras la riada, (no es la primera ni la última que ha sufrido y sufrirá), nos estremece al considerar la tragedia que puede originarse el año que coincida una inundación con la romería. Ver la extensión que ha tomado la venida de agua en este lugar refleja claramente el riesgo que supone la concentración de tantísimas personas, vehículos, etc, junto al cauce del rió, en un espacio del que sería imposible escapar ante una emergencia de estas características, lo que provocaría un drama humano de dimensiones incalculables.

Antonio Maestre Ballesteros

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