Carta en el Córdoba

Ojeando el pasado sábado el Diario Córdoba  reparé en una escueta carta al director cuyo título me dejó petrificado -No vayáis a Aguilar de la Frontera-.  Ávido  y  preocupado me dispuse a leer con la máxima celeridad  el resto del artículo temeroso de descubrir  que algún contagio o mal se hubiese cebado nuevamente con nuestro pueblo.

A medida que concía con  la lectura  el motivo que había llevado al autor   a aconsejar con tanta rotundidad y firmeza el que no visiten nuestro pueblo, me fui sosegando, ya que el mal  señalado  era conocido, padecido, y recriminado por los propios ciudadanos de Aguilar desde hacía ya muchos meses. 

 No descubrió este hombre nada nuevo. Pero sí, por desgracia, ha mostrado al resto de la provincia una situación insufrible para los vecinos e incomprensible para quienes tienen la mala suerte de caer en el laberinto  sin salida que constituye   las entradas  a  Aguilar de la Frontera desde hace mucho tiempo.

 Cierto es que estas afirmaciones en la prensa dañan y mucho la imagen de nuestro pueblo. Pero, superado el cabreo, creo que sería injusto recriminar esta situación a la persona que nos ha puesto delante del espejo. La culpa de lo que está pasando con esta obra es sólo y exclusivamente  de quienes están permitiendo que se esté ejecutando de forma tan anómala y peligrosa.    


No vayáis a Aguilar de la Frontera 

 Ricardo Fernández Quijada

 Córdoba 

Resulta que volviendo de mi trabajo en Cabra, ayer mismo, se me ocurrió entrar desde la autovía de Málaga por su entrada sur para poner gasolina. Lo primero que me sorprendió fue tener que recorrer al menos 3-4 kilómetros para llegar a la población, pero bueno… Una vez repostado decidí incorporarme a la autovía siguiendo el trayecto antiguo de la N-331 por su lado norte, justo en dirección a Montilla. Dos meses antes me había ocurrido y no podía creérmelo. La carretera aún estaba cortada por obras. El desvío es por el centro del pueblo. Desde una plaza con parque en el centro te desvías cuesta abajo a la derecha, para tener que subir de nuevo y volver a bajar. En total, 25 minutos entre que decidí poner gasolina e incorporarme de nuevo a la autovía. Asco, cabreo y vergüenza ajena. ¿De quien es la culpa?




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