Desde la cima del Veleta

Como es habitual en las salidas del Club, con las primeras luces del día acudían ciclistas y senderistas hasta la Gasolinera las Viñas -punto de partida de las rutas externas-, expectantes ante una nueva jornada de práctica deportiva y camaradería, muy  anhelada por los socios   y simpatizantes del Club que participan asiduamente en estas actividades. Sobre las 7,15 de la mañana el autobús ponía rumbo a la sierra granadina, donde acometerían, por primera vez,  los ciclistas y senderistas aguilarenses, la subida al segundo pico más alto de la península, el Veleta.

Tras la ritual parada para el desayuno y contemplar en la lejanía el  monumental recinto de la Alhambra, el autocar iniciaba la subida a Sierra Nevada, salvando el sorprendente desnivel existente entre la vega del Darro y el Genil y la cercana montaña. Aún faltaban algunos kilómetros para alcanzar la estación de esquí, y se realizó la primera parada – en el paraje de la Fuente de don Manuel-, para que los ciclistas iniciasen desde este punto su ruta, mientras los senderistas continuaban hasta el paraje de la hoya de la Mora, desde donde comenzarían a caminar.

Cada uno desde su punto de partida, ciclistas y senderistas advertirían rápidamente que afrontaban una jornada  deportiva muy dura, un reto para el que no todos habían calibrado sus fuerzas y resistencia, pero que a la postre les iba a proporcionar un gran gozo  por la hazaña realizada, aunque algunos y algunas, debido sobre todo al conocido como mal de altura (dolor de cabeza, ansias, dificultad en la respiración, etc, optaron por dejar pendiente para el próximo año el rematar la escalada.

Nada más iniciar el pedaleo, el grupo de ciclistas se fue fraccionando en un largo trayecto que se iba prolongando a medida que se encaramaban las empinadas rampas que conforman las calles de la estación de esquí de Prado Llano, por las que nos incorporamos a la carretera que llevaba a la Virgen de las Nieves. Ya por estos sitios, el que suscribe la crónica cerraba en solitario el pelotón, sacándome casi un kilómetro los rezagados que iban por delante, y varios  la cabeza del grupo. Cuando llegué a la Virgen de las Nieves, con 10 larguísimos y empinados kilómetros en las piernas, percibir  los primeros síntomas de la altura -2500metros-, con un, aún leve, dolor de cabeza y una sensación de desmayo que me dificultaba el respirar.

En este punto, y con la certeza de que la altísima cumbre que divisaba y remataba la montaña era el Veleta, dudé durante algunos instante de continuar la aventura, pero, tras consumir un bocadillo de jamón y reponer algunas fuerzas, me envalentoné de nuevo y decidí continuar pedaleando hasta donde el cuerpo y el frio aguantase. Metro a metro, kilómetro a kilómetro, curva a curva y rampa a rampa, fui sumando distancia y altura. Sufriendo más que Contador este año, llegué a situarme en los 3.000 metros de altitud, y a sólo 4 kilómetros del punto geodésico que remata la cumbre. Con 18 durísimos kilómetros de agotamiento a las espaldas decidí bajarme de la bicicleta, cuando mi  estomago era ya un volcán en erupción y las impresionantes vistas que se apreciaban se me borraban de los ojos. Aún así decidí continuar el ascenso andando hasta que, pocos metros más adelante, hallé a dos de mis compañeros que habían desistido también por el esfuerzo infrahumano realizado, y decidimos iniciar el descenso, eso sí,  tras la promesa de que lo volveríamos  a intentar el próximo año porque, a pesar de no haber logrado el objetivo, la satisfacción por el esfuerzo realizado era grandísima, la misma que debieron sentir, probablemente aumentada, los demás ciclistas y senderistas que, sufriendo más o igual que los tres rendidos, alcanzaron la ansiada meta.

Mención aporte merecen, por la proeza realizada, los dos jóvenes socios del club, un ciclista y un senderista, ambos con 14 años, Luis Carlos Maestre Luque  y Juan Antonio Maestre García, quienes llegaron hasta lo más alto del pico del Veleta, mostrando una gran capacidad de pundonor y sacrificio. Como premio al esfuerzo realizado, la ruta concluyó con él tradicional almuerzo y convivencia, que en esta ocasión tuvo lugar en un restaurante de la sierra, rematada con la animada tertulia en la que, cada cual cuenta «la feria como le ha ido» .   Enhorabuena a todos y todas las que alcanzaron la cima, a los que lo intentaron y no pudieron, y como no, al Club ciclista MTB Aguilarense por la encomiable labor que viene realizando desde hace 25 años en la promoción del deporte en Aguilar.

 

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