Alejandro halla el camino de la cura

Un niño con parálisis cerebral recibirá tratamiento gracias a ayuda solidaria

JESÚS PRIETO / AGUILAR

Al fin acabó la espera. Hace ahora dos años justos que Mónica Ávila y Rafael Arias, los padres del pequeño Alejandro, visitaron entusiasmados la clínica gallega donde se puso en marcha el denominado proyecto Foltra que trata, entre otras dolencias, la parálisis cerebral. Y es que este niño de Aguilar de la Frontera tuvo algunos problemas durante su nacimiento hace más de cinco años que le provocaron la parálisis que ahora padece.

Finalmente, pese a la larga lista de espera con que cuenta esta prestigiosa clínica, hace tan sólo una semana se produjo la anhelada llamada. Las palabras mágicas que escuchó Mónica fueron «Alejandro comenzará sus terapias el próximo día 8 de octubre». Una frase que hizo palpitar sin duda el corazón de una madre que, desde que el pequeño nació, no ha parado de buscar una mejor calidad de vida para el niño.

 

La familia tendrá que trasladarse a Galicia para que le apliquen la medicación al pequeño

 

Con la misma ilusión recibieron la noticia el padre, los abuelos, los tíos y todos los aguilarenses que, poco a poco, la van conociendo. Porque si algo ha caracterizado este tiempo de espera ha sido la solidaridad que, en época de crisis, ha recibido una familia cuyo único objetivo se llama Alejandro. Solidaridad que ha llegado desde Aguilar, el pueblo donde residen, y desde La Rambla, la localidad natal del padre del niño.

Varios espectáculos musicales, rifas, huchas solidarias… todo parecía poco para colaborar con la maltrecha economía de unos padres jóvenes que no tenían suficiente dinero para hacer frente tanto a las sesiones del tratamiento como al coste de su estancia en Santiago de Compostela, donde se encuentra la clínica.

El presupuesto estimado para permanecer allí en un piso alquilado cercano al centro médico así como la terapia puede ascender, de momento, a unos tres mil euros. Los padres, desde la honestidad que les ha caracterizado todo este tiempo, dicen tener ya suficiente con el dinero recaudado. «No queremos más de lo necesario», repite de manera insistente Mónica. Por su parte Rafael incluso está dispuesto a buscar trabajo durante los meses que estén en Galicia para colaborar con la economía familiar.

La novedosa medicación consiste en la administración de un inyectable que cuenta con hormonas de crecimiento y que tiene un efecto directo sobre las células que han quedado muertas y que impiden el normal desarrollo del niño. Desde que se comenzó a administrar en pacientes con los mismos síntomas que Alejandro ha habido considerables avances en su estado, «algo que nos anima cada día más a que nuestro hijo lo reciba». Para recibir el tratamiento el niño no quedaría ingresado sino que visitaría dos veces al día la clínica en la que se lleva adelante este proyecto. Por la mañana, explica la madre, «le pondrían las inyecciones y por la tarde asistiría a distintos tipos de terapia y logopedia». Desde que nació el niño la pareja ha vivido entregada de lleno a su pequeño con la asistencia a sesiones de logopedia y fisioterapia para permitir que aumente su movilidad y su capacidad de habla. También sesiones de hipoterapia, una técnica en la que se pretende mejorar la movilidad estando en contacto con los movimientos de un caballo.

Y, por supuesto, la asistencia a un centro de educación temprana. Todas estas medidas han permitido ir manteniendo cierta calidad de vida en el pequeño. No obstante el auténtico objetivo planteado era éste que ahora llega, la auténtica esperanza con mayúsculas para Alejandro. Una esperanza con la que muchos se sentirán más que solidarios.

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