La tarde del Viernes Santo constituye cada año el momento álgido en el sentimiento devocional al Santísimo Cristo de la Salud y Nuestra Señora de la Piedad, imágenes en torno a las que se reúne todo un barrio, que las siente y quiere como señas de identidad del mismo. Por eso cada tarde de Viernes Santo se vive en el Barrio Bajo como un día de fiesta, el día más grande del calendario, y el día de encuentros entre amigos y familiares, que son o fueron del barrio, y que cada año acuden a él en este día, con la llamada emocional y devocional del Santo Cristo de la Salud.
Pero un año más, y ya van tres seguidos, la meteorología ha impedido que se consagre la fiesta en esa unión imperecedera de cofradía y barrio que acontece cuando el Cristo recorre sus calles, tanto a la ida, como en la venida de la carrera oficial. Aun así, todo el barrio lo esperó en la puerta de su iglesia hasta que la junta de gobierno comunicó que se suspendía la estación de penitencia por la lluvia.




