En relación con el interés de este Ilustre Ayuntamiento por adquirir la casa número 50 de la calle Carrera de esta población, y teniendo en cuenta el artículo 10 de la Ley 7/1999, de 29 de septiembre, de Bienes de las Entidades Locales de Andalucía (BOJA 26 Octubre de 1999), donde se especifica el procedimiento de adquisición de bienes a título oneroso, y más concretamente su apartado 2.a en el que se contempla la adquisición por el procedimiento negociado “cuando así lo requieran las características de singularidad y especificidad histórica, cultural, artístico o técnica de los bienes”, este archivero eleva el siguiente
INFORME
“Las Casas del Pueblo eran auténticos focos de organización y cultura obreras”.
“En vísperas de la Guerra Civil, UGT era titular de más de 1.100 inmuebles donde se ejercían funciones de asistencia a los trabajadores”.
“Las Casas del Pueblo se dotan de bibliotecas que suplen la carencia de establecimientos públicos de este tipo. Por primera vez en la Historia se permitía a los trabajadores llevar libros a casa.”
“Con la II República, las Casas del Pueblo adquieren un gran protagonismo. Los 250.000 afiliados que UGT tiene al comienzo de sus proclamación se convierten rápidamente en un millón, a los que se les ofrece todo tipo de servicios para su vida cotidiana”.
(http://www.ugt.es/patrimonio/panel03.pdf)
Estas frases, y otras muchas más que podrían ser recogidas, ilustran a la perfección la importancia que las Casas del Pueblo tuvieron en el desarrollo del movimiento socialista en nuestro país, fundamentalmente durante la II República. Constituyeron en palabras de Luis Arias González (http://www.ub.edu/geocrit/b3w-884.htm) “uno de los espacios de sociabilidad obrera por excelencia, siendo una especie de “Sociedad de sociedades” y, a la vez, lugar de formación del “obrero consciente”, así como receptáculo de buena parte de su actuación sindical y política”.
En esta múltiple función, claramente definitoria de lo que fueron las Casas del Pueblo, se insiste en el resumen que sobre el libro Casas del Pueblo y Centros Obreros socialistas en España, de Francisco de Luis Martín y Luis Arias González, se inserta en la web de la Fundación Pablo Iglesias:
“Los Centros Obreros y las Casas del Pueblo socialistas en España constituyeron, en su momento, una rica realidad a la que la Guerra Civil puso bruscamente punto y final. Fueron estos espacios de sociabilidad mucho más que unos meros lugares de reunión y unas simples sedes sindicales o partidistas, ya que actuaron también como focos culturales y educativos, además de dar cabida entre sus muros a todo tipo de actividades societarias, cooperativistas y de ocio que conformaron, en buena medida, la mentalidad obrera y popular de la primera treintena del siglo XX español. Su verdadero valor patrimonial, por tanto, supera con creces el de sus edificios y locales, puesto que abarca también todo este mundo incalculable de ansias de mejoras y de dignificación vital de las clases trabajadoras y su papel, en multitud de ocasiones, como marco decisivo de los momentos clave de nuestro pasado más reciente”.
Ateniéndonos a la documentación consultada en los diferentes procesos de investigación emprendidos por quien suscribe sobre el movimiento obrero aguilarense, y más concretamente sobre el socialismo local y a la bibliografía publicada sobre el tema, se puede afirmar que la Casa del Pueblo de Aguilar de la Frontera tuvo una dilatada y rica historia, iniciada en la segunda década del pasado siglo –en 1913 ya hemos hallado pruebas documentales de la existencia de un Centro Socialista en otros domicilios: calle Mercaderes y Llanete de Manuel López-, que le llevó a jugar un destacadísimo rol en la articulación y organización del proletariado y que llegó a su fin cuando la guerra civil ocasionó la ocupación de la localidad por las fuerzas rebeldes y la aniquilación del régimen de libertades vivido durante la II República.
Asimismo, se puede verificar que en su sede se plasmaron de modo palmario las claves arriba citadas –fue, a la vez, sede sindical y/o partidista, foco cultural y educativo, escenario de actividades societarias, cooperativistas y de ocio, etc.- de las que se desprende el verdadero e innegable valor patrimonial e histórico del inmueble que se pretende adquirir:
1.- Sede sindical y/o partidista. En el edificio de la calle Carrera 50, estuvieron domiciliadas la Agrupación y las Juventudes Socialistas, así como varias sociedades obreras (sindicatos), entre las que destacamos:
- Sociedad de Agricultores “La Razón”. Es en todos los sentidos la gran fuerza obrera de Aguilar de la Frontera, tanto por las cifras de afiliación y el protagonismo de sus dirigentes como por la intensa movilización que realizará del campesinado aguilarense durante toda la II República. Entre sus presidentes destacan Antonio García Márquez y Antonio Cabello Almeda. Otros de sus dirigentes fueron Francisco González Varo, Juan J. López Cobos, Antonio Prieto Álvarez, Antonio Jiménez Guirado, Eduardo Varo Pino, Manuel López Belmonte, Antonio Carretero Prieto, etc. Llegó a alcanzar los 1.047 inscritos.
- Sociedad de Muleros y Arrieros “La Constancia”. Su presidente durante casi toda la República fue José Pérez Pérez. Otros afiliados fueron Manuel Valle González, Manuel Navarro Alberca, Juan Antonio León Fernández, Juan Aguilar Jiménez y José Franco Angulo. Contó con 123 afiliados.
En cumplimiento de esta función, las dependencias de la Casa del Pueblo cobraron un especial protagonismo en los tres procesos electorales realizados durante la II República. Centrándonos, por ejemplo, en las legislativas de noviembre-diciembre de 1933, sabemos que allí se celebraron al menos tres grandes actos: En el primero, realizado el 3 de noviembre, intervinieron ante 1.500 asistentes Antonio Cabello, en ese momento vicepresidente de la Agrupación, el candidato Fernando Vázquez, director de El Sur, el exdiputado de las Constituyentes Martín Sanz y Julián Torres Fraguas. En el segundo, días más tarde, hablaron ante un numeroso auditorio (“fue tanto el personal que acudió a oír a los elocuentes compañeros que habían de disertar en este acto que todas las dependencias del Centro quedaron ocupadas unas horas antes de dar comienzo, tanto de trabajadores como de trabajadoras”) Antonio Cabello, Manuel Adame y Hermenegildo Casas; el último, tuvo lugar a comienzos de diciembre.
También de aquí partieron manifestaciones como la que, tras las elecciones de febrero de 1936, sirvieron para que el elemento obrero festejara la victoria del Frente Popular.
La Casa del Pueblo fue el lugar en el que dirigentes de la época enfervorizaron a sus compañeros y compañeras. Aparte de los ya señalados por sus salas pasaron algunos de los más destacados agitadores socialistas del momento: los aguilarenses Rafael Aparicio de Arcos, Antonio Prieto Álvarez, Antonio García Márquez y José María León Jiménez; los pontanenses Justo Deza Montero y Gabriel Morón Díaz; el montillano Francisco Zafra Contreras y otros líderes señeros como Francisco Azorín Izquierdo, Ángeles Castenet, Vicente Martín Romera, etc.
2.- Foco cultural y educativo: En la Casa del Pueblo existía una biblioteca que ponía al alcance del proletariado un buen número de libros y periódicos que le permitían el acceso a las primeras letras, algo imposible de conseguir para la mayoría de ellos dado el panorama educativo de la época.
También las dependencias del centro obrero sirvieron para que la Asociación de Amigos de la Música, presidida por Rosauro Varo, ejecutara en 1934 un concierto para conmemorar la Fiesta del Primero de Mayo. Tras la intervención, peroró el entonces presidente de la Agrupación Socialista, Antonio Cabello, “testimoniando su mayor agradecimiento a “Los Amigos de la Música” por haberles llevado en este día, la del 44 aniversario de la Fiesta del Trabajo en el mundo, con su arte algo de dulzura al amargor constante de la lucha ideológica”.
3.- Escenario de actividades societarias, cooperativistas y de ocio. En sus salones se celebraban las habituales reuniones de las juntas directivas de las diversas organizaciones obreras que componían la Casa del Pueblo, así como las asambleas en las que, entre otras cuestiones, se elegían dichas directivas.
Asimismo, se verificaban las reuniones en las que se debatían acuerdos de especial trascendencia para la clase obrera, como por ejemplo, las huelgas que afectaron al campo cordobés en los veranos de 1933 y 1934.
Este papel de centro movilizador del proletariado aguilarense fue evidentísimo en diversos momentos durante la II República. En ocasiones, significó su clausura (por ejemplo, tras los sucesos revolucionarios de octubre de 1934 permaneció cerrada hasta mediados del años siguiente) y la detención de algunos de sus dirigentes.
Tal y como nos indica Rafael Espino, presidente de AREMEHISA, el inmueble de la Casa del Pueblo, sito en la calle Carrera 50 “fue adquirido por la Sociedad Obrera “La Razón”, sociedad de agricultores adscrita a la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra de la Unión General de Trabajadores (U.G.T.), a D. Galo Hernández el día 25 de julio de 1933, por un valor de treinta y dos mil pesetas pagadas en cuatro plazos anuales con vencimiento anual el día 24 de julio de cada año, hasta el año 1936. Antonio Cabello Almeda (Presidente de la Sociedad Obrera “La Razón”) y Antonio Guirado Carrillo (su secretario tesorero), actuaron en representación del partido y sindicato comprador. La casa tenía un gravamen, por lo que el propietario rebajó de las 32.000 pesetas de su compra 4.000, hasta tanto se pagasen todos los plazos y se efectuasen las correspondientes escrituras y la casa quedase libre de cargas”.
Según testimonios orales, tras llegar a la localidad las noticias de la sublevación encabezada por el coronel Cascajo en Córdoba, se procedió en su patio a la quema de los archivos en los que figuraban las fichas de afiliados a las diversas sociedades obreras, con la finalidad de evitar que cayeran en manos de los rebeldes. Ello no impidió, sin embargo, que las nuevas autoridades locales iniciaran una cruenta represión que segó la vida de muchos elementos destacados del movimiento obrero aguilarense.
Pero, al margen de esta represión física, los nuevos gobernantes no tardan en disponer la rapiña económica contra sus adversarios. En este sentido, se suceden diversas disposiciones de Queipo de Llano en agosto de 1936, anteriores a las emanadas por la Junta de Defensa Nacional o de la Junta Técnica del Estado, sobre “Confiscación de bienes de inductores a la violencia, propagandistas y rebeldes” y de “Confiscación de bienes. Adiciones y aclaraciones al bando número 13”. Poco después, se publica el decreto 108 de 13 de septiembre que, en palabras del profesor Barragán Moriana, intenta “marcar pautas y planteamientos generales sobre depuración de funcionarios y empelados públicos y, desde luego, sobre incautación de bienes de los partidarios y simpatizantes de la República y de los pertenecientes a los partidos políticos republicanos y organizaciones obreras y sindicales”. Con este marco legislativo, en los meses de julio a octubre de 1936 se recoge en el Boletín Oficial de la Provincia de Córdoba la incoación de expedientes de incautación de los bienes a las personas que encabezaban diversas sociedades obreras cordobesas, entre ellas, “La Razón”. Por ello, no es extraño que casi de inmediato la prensa franquista (Azul. Diario de Falange Española de las JONS, 16 de noviembre de 1936, p. 12.) se haga eco de la ocupación del inmueble de la Casa del Pueblo y su conversión en sede de Falange Española en un artículo titulado “Inauguración de un nuevo local para Falange Española y bendición y entrega de banderas a la Organización y a los “Flechas”. Citaremos, solamente, el párrafo donde se hace mención a los anteriores propietarios del local:
“El Cuartel de Falange (antiguo centro socialista) está completamente abarrotado de personalidades e invitados”.
Aún más tarde, ese mismo diario, en su edición del 2 de julio de 1937, p. 14, recoge una nueva afirmación, cargada de ironía, que ilustra la catadura moral de los nuevos mandatarios:
“Hacemos una visita al Cuartel de la J.O.N.S. y podemos admirar la perfecta distribución de las dependencias, la disciplina, entusiasmo y orden con que allí se trabaja. Está instalado en la antigua Casa del Pueblo, “cedida” por sus antiguos inquilinos, y transformada totalmente: lo que era taberna se ha convertido en cuarto de duchas; la sala de reuniones, es hoy comedor de Flechas, etcétera”.
Durante la contienda, la Casa del Pueblo, además de sede de Falange, se convertirá en uno de los múltiples edificios que sirvió para el acuartelamiento de las tropas (personal, ganado y material bélico) instaladas en Aguilar de la Frontera.
El profesor Barragán también nos informa de que en el B.O.P. del 10 de marzo de 1938 se publica el expediente de incautación de la Casa del Pueblo de Aguilar y se reconoce el derecho de una particular -Justa Hernández Espejo, viuda de Galo Hernández vendedor de la finca a La Razón- a adquirir el inmueble donde estuvo domiciliada. Se basa este derecho en que se le adeudaban 17.608,60 pesetas como resto del precio en que la compró la sociedad expedientada (no habían podido ser satisfechas al cumplirse el plazo pocos días después del levantamiento militar, cuando las organizaciones socialistas no existían y cuando habían sido fusilados algunos de sus rectores).
En 1940 el Tribunal Nacional de Responsabilidades Políticas dará visos de legalidad a lo que ya era un hecho consumado desde 1936: la incautación del inmueble en beneficio de Falange Española de las JONS: Edificio calle Calvo Sotelo 50. Casa del Pueblo. Sociedad La Razón. PSOE-UGT. A pesar de ello, la propiedad seguía siendo de los herederos de Justa Hernández quienes, por fin, a finales del año 1946 oficializan la venta a la Delegación Nacional de Sindicatos de Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S.
El 18 de abril de 1958, la Delegación Nacional de Sindicatos de Falange Española Tradicionalista de JONS realizará a favor de la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos de Aguilar de la Frontera, presidida por D. José Jiménez Conde, una donación gratuita temporal y condicional del usufructo de la Casa del Pueblo por treinta años de duración, prorrogables por otros treinta más. Sin embargo, esta prórroga no llegó a verificarse, extinguiéndose el usufructo en 1998 en virtud de solicitud cursada por don Marino Díaz, subsecretario del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, consolidándose como nuevo propietario el Estado. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, quien ya había procedido a la inscripción de la finca en 1990 como sucesor de la citada Delegación Nacional de Sindicatos.
CONCLUSIÓN
Por todo lo dicho, se considera suficientemente probada la importancia histórica del edificio situado en la calle Carrera 50, antigua Casa del Pueblo. Ello justificaría, a nuestro juicio, la conveniencia de iniciar los trámites necesarios para su declaración como “lugar de memoria”, según lo dispuesto en el decreto 264/2011, de 2 de agosto, por el que se crean y regulan la figura de Lugar de Memoria Histórica de Andalucía y el Catálogo de Lugares de Memoria Histórica de Andalucía. Así, tal y como se recoge en su preámbulo, se dispondría de un espacio donde se incentivara la identidad cultural de la Comunidad, se fortaleciera el sentido de pertenencia al territorio y se dispusiera del marco adecuado del aprendizaje de nuestra herencia democrática, al tiempo que el Ayuntamiento de Aguilar de la Frontera preservaría un lugar emblemático de su desaparición para recuerdo y reconocimiento de las personas que sufrieron violencia, vejación, persecución o privación de libertad por el mero hecho del ejercicio de sus derechos fundamentales, así como por la defensa del estado legítimo, de las libertades y de la democracia (art. 2 y 3).
Por último, todos los conceptos dimanados del Decreto 264/2011 y la probada importancia histórica del edificio (según lo regulado en el artículo 10.2 de la Ley 7/1999 citada al principio), justifican como necesaria y muy conveniente la adquisición del inmueble de la calle Carrera 50 por parte de este Ilustre Ayuntamiento pues, con ello, se recuperaría para el bien público un espacio donde se han desarrollado algunos de los capítulos más sobresalientes de la historia reciente de Aguilar de la Frontera.
Fdo.: Diego Igeño Luque
Archivero



