Las huellas del robo

.La virgen de los Remedios sin corona fue el primer pormenor que indicó al hermano mayor, Manuel Jiménez, cuando entró al templo a las 8,30 de la mañana, de que algo había sucedido. Pronto advirtió también que un trozo del retablo estaba tirado al suelo, concretamente el que se situaba en la antigua puerta de la sacristía, y que ocultaba la madera quemada, testigo del incendio que sufrió este retablo en la década de 1930.

Cuando accedió a la sacristía comprobó las puertas forzadas por lo que ya no había duda de que se había producido el robo. En el camarín advirtió la corona de la virgen en el suelo, dañada por un pisotón, y que a la imagen le faltaban los sarcillos. De uno de ellos quedaba parte del enganche, lo que induce a creer que quién cometió el acto no quiso en ningún momento dañar a la imagen, ya que de haber pegado  un tirón para sacar el sarcillo hubiese  dañado la cara de la Virgen.

También visitó el ladrón la capilla de la Rosa donde se encuentra la virgen de los Desamparados, a la que le quitaron también los sarcillos, pero no la corona, notándose solo cierto desaliño en el tocado  provocado  por la acción de quitar los sarcillos. Si ha forzado las puertas de una  alhacena donde la cofradía del Martes Santo custodia algunos elementos del culto, pero sin ningún valor económico.

También se han llevado la llave del sagrario con una cadenita, posiblemente el ladrón o ladrones debieron creer que tenía algún valor, pero no es así.

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