La Virgen bajo las colchas de la calle los Pozos e iluminada por las bengalas que le encienden a su paso los vecinos constituye la esencia de una rito que se remonta a las primeras décadas del siglo XVII y que, de manera ininterrumpida se celebraba cada 3 mayo, como ha ocurrido este año, o en el primer sábado del mes.
Todo resuma tradición y costumbre en la noche en la que la más antigua y primitiva de las cofradías de Aguilar renueva la Exaltación de la Cruz con la inquebrantable devoción a la Virgen de los Remedios. Fidelidad que reverdece entre los vecinos del barrio cuando la Virgen pasea sus calles recogiendo fervores, gratitud, amores y promesas.
Ella es el epicentro de una cadena devocional de cientos de años que, como eslabones de una argolla unen al barrio y la cofradía en un todo indisoluble. Ancha, Calvario, Huerto, Altozano, Rosa, Pozos, Lorca y la vieja Moralejo, son los cauces de un fervor que confluye en el Llano de la Cruz, cimiento y solar de la ermita que cobija la devoción de todo el barrio.
Tardes se septenario; de rosarios de avemarías al son de cohetes; de revuelo de palomas junto a la espadaña, de toque de campanil convocando a los devotos, de chiquillería corriendo por el llano, de incienso elevando plegarias musitadas entre oraciones, de cantos litúrgicos lanzados desde el alto coro….., Así son las Vísperas del día grande del barrio en el que regresan los vecinos que se fueron y los visitantes de otros barrios. Ir y venir de gentes de una Cruz a otra bajo un cielo de banderitas de colores, de balcones y calles llenas de flores; de nueva fuente evocando a la antigua Fuente Nueva, de devociones prendidas en arcos de colchas, de bengalas que dan luz y calor a la noche, de mantillas de chantillí sobre tejas de marfil, de jóvenes que sueñan primaveras por venir y de ancianos llenos de sabiduría asomados a ventanas y rebates. De costaleros jóvenes y orgullosos, de devoción ancestral, de fiesta popular. Todo está consumado. La tradición se ha cumplido un año más.





