La muerte no es el final

juqanTe fuiste un 19 de agosto, aniversario de la muerte del Poeta en el Barranco de Viznar. Providencia o sino, tu escultura está en el Parque que Aguilar dedicó al poeta granadino. Lorca fue referente en las conversaciones que mantuvimos sobre la crueldad de los fascistas, esos que tú llamabas criminales. No sé si  leíste sus obras: Poeta en Nueva York,  Yerma, La Casa de Bernarda Alba, El Romancero Gitano. Pero nada mermaría ese hecho la admiración que sentías por el trovador republicano.

Con la misma devoción me hablabas de Miguel Hernández. De él te escuche tatarear en muchas ocasiones, por lo bajini, algunas estrofas de sus versos. Te vi emocionarte escuchando la Nana de la Cebolla, el Niño Yuntero, Viento del Pueblo. ¡Cuántas veces te sentí cantar dentro de los pozos, Andaluces de Jaén, aceituneros altivos¡.

No sé si escuchaste alguna vez la elegía a Ramón Sijé, versos en los que Miguel reflejó como nadie el dolor descarnado que produce la muerte de un amigo, de un compañero. ¡ Cuánta razón tenía el poeta¡.

A las aladas almas de las rosas

del almendro de nata le requiero,

que tenemos que hablar de muchas cosas,

compañero del alma, compañero.

Treinta años juntos en la lucha, en el trabajo, en la briega de la vida y la política, acumulan muchas vivencias compartidas. Tu ejemplo ha sido siempre un referente, un fanal que ha guiado gran parte de mi vida. Tu vida fue camino y morada para mí. Porque tú eras inalcanzable en honestidad, humanidad, integridad, sinceridad, lealtad…,

Podría contar mil y una vivencias, anécdotas, batallas, experiencias que compartimos,  pero no alcanzaría nunca a trasmitir la esencia que motivó cada acto, cada paso, cada acción que realizamos juntos. Por eso las guardaré para siempre, junto a tu recuerdo, en la alacena de los sentimientos. Capitán de mil batallas, con tus ideales por bandera nos arengabas en la lucha por  un mundo nuevo en el que reinase la Justicia, la Igualdad, la Paz y Libertad.

Hoy, cuando ya no estás entre los vivos, siento la alegría de haber compartido tu amistad, de haberme sentido querido y estimado por ti. Hoy te recuerdo con el júbilo gozoso de saber que fuiste profeta en tu tierra, y que pudiste disfrutar del reconocimiento de tu gente. Pocas veces se hace justicia con quienes dedican su vida a servir a los demás, y tú tuviste la dicha de sentir esa satisfacción.

Recordar aquellos días en los que te entregaron la medalla de oro de la ciudad, o se inauguró el monolito en el Barrio Bajo, me hace más llevadera tu ausencia. El saber que ya partiste para ese lugar de leyenda reservado para los hombres que dejan huella en esta vida fortalece mi convención de que toda tu lucha mereció la pena.

La muerte no es el final o el novio de la muerte eran las canciones recurrentes de un viejo legionario que acompasaba el duro trabajo del campo o los pozos al son de marchas militares. Quizás muchos no sepan aún que fuiste caballero del Tercio, y que esa experiencia vital te otorgó la bizarría que mostrabas en la lucha y en el trabajo.

Ya estás por siempre y para siempre en la historia, y como dijo el poeta comunista al que tanto admirabas, Aguilar, tú pueblo y el mío, te recordará por los siglos de los siglos. Eso nos reconforta en estos días a los que te quisimos y admiramos. Salud Camarada.

Antonio Maestre Ballesteros

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