Llegó el Viernes de Dolores, antesala de la Semana Santa de Aguilar, y con él los dos últimos actos que preludian los días grandes que están por llegar. Dos citas ineludibles para cofrades y flamencos, que acuden masivamente a las dos últimas convocatorias de culto: la de la bendición de Jesús Nazareno en la Cuesta de la Parroquia, y la del rezo de la Saeta en el sobrio y monumental recinto de la cripta de la iglesia del Hospital, lugar donde los aficionados locales tienen levantado al Flamenco su retablo mayor en nuestro pueblo.
La inspiración de Carlos Lucena avivó los duendes de la noche, y el genio de los artistas, que se prodigaron en el buen hacer en el cante por excelencia de este tiempo cuaresmal, como es la saeta. La emoción y el sentimiento se vertió al unísono entre pregonero y cantaores, provocando un nivel artístico en el conjunto de la exaltación que permitió disfrutar y mucho, tanto a quienes centraban su interés en la prosa y verso del Carlos, como en los que demandaban el arte de los cantaores.
Magnífica noche, en la que la Semana Santa de Aguilar se erige en la más Flamenca de todas, en esta ocasión de la mano de Carlos Lucena en el atril, junto María Jesús, su mujer, y El Pelu, Conchi Igeño, “La Hierra” , Mª Carmen Lucena, Rafael “Farina” y Juan Arjona como saeteros.



