En una jornada luminosa y calurosa, casi de primerizo verano, Aguilar atravesó el grandioso pórtico de su Semana Mayor con una nutrida procesión de las Palmas que recorrió con el clásico cortejo de ramos y olivos la distancia que separa a las parroquias del Carmen y Soterraño. A media mañana, una abarrotada y bulliciosa Plaza del Carmen recibía a los primeros nazarenos de inmaculada blancura de la virgen de la Palma, y a los niños de túnica hebrea que preceden al trono de la Borriquita. Esplendor extraordinario derrochan estos dos pasos por las Corondas, marco incomparable para contemplarlos con el horizonte inmediato de las altísimas palmeras que, emuladas por las que lleva en su trono de la popular Pollinita, dan advocación a la Madre de Dios.
A las 7 de la tarde, la cuesta de la Parroquia recibía la primera bulla diurna de esta semana. La primera cofradía que sale del templo mayor de Aguilar volvió a concentrar a cientos de personas bajo el renovado verdor de los naranjos de la calle Jesús, para contemplar la bajada de los dos esplendorosos pasos que recorren las calles del pueblo en esta primera noche de la Semana Santa. El importante trabajo de los costaleros en el Cristo y las costaleras en la Virgen, realzan una estación de penitencia que va llenando de primeras emociones los corazones cofrades.






