El calor de las horas centrales del día se mitigó en parte con la llegada de la tarde, y como cada Martes Santo, el Llano de la Cruz se convirtió en el escenario perfecto para contemplar la salida de una cofradía como la de Jesús Preso y la Virgen de los Desamparados, que congrega a cientos de personas que llenaban el populoso paseo.
Sale esta cofradía por la puerta principal de la vieja ermita de la Veracruz, y traspasa así la historia que encierra el vetusto templo, y de la que forma parte ineludible sus dos Titulares: el Ecce-Homo, perteneciente a la primitiva Hermandad de la Veracruz, y la Virgen de los Desamparados, advocación y devoción que trajeron a Aguilar las monjas del Asilo a principios del siglo XX.
La ya veterana cofradía del Martes Santo volvió a marcar con sello propio la estación penitencial, con un ambiente de algarabía propio de las cofradías de barrio que cuentan con acompañamiento musical en los dos pasos, y con la ya tradicional estación del paso del Cristo en la Comisaria, donde recibe el homenaje del Cuerpo de la Policía Municipal, nombrado hermano mayor Honorio de esta hermandad desde su fundación.
Numerosos nazarenos acompañaron a los dos pasos, que fueron seguidos durante todo el recorrido por numerosas personas, volviéndose a llenar el Llano de la Cruz a la recogida de la cofradía, ya de madrugada, siendo este momento uno de los más esperados por cofrades y devotos. Como siempre que se contempla a esta imagen, dentro o fuera del templo, destaca el portentoso valor artístico de Jesús Preso, una talla que tiene en su morfología la huella indeleble de la escuela granadina y del taller del afamado escultor del siglo XVII Alonso de Mena.




