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Hoy ruta dominguera en solitario. La resaca de la Cata, la ruta en Herrera, a donde se han desplazado algunos socios, y el temor a la lluvia, ha motivado que a las 8,30 solo estuviese yo en la gasolinera con la bici de montaña. El recorrido ha estado condicionado por la climatología, ya que desde la salida el (chirimiri) no ha cesado en las 3 horas que ha durado el periplo realizado por caminos cercanos al casco urbano, en prevención de que incrementase la lluvia.
Al final han sido algo más de 50 kilómetros disfrutando del campo en un día grisáceo y lluvioso, típico del otoño que está a punto de concluir. He reparado durante el itinerario en los cortijos que he divisado, la mayoría de ellos medio derruidos, apreciando el valor histórico y patrimonial que atesoran estas típicas construcciones agrícolas de nuestra tierra, además de su valor sentimental y etnográfico. En algunos de ellos, como el de Colín, pasé a “casinoche” algunos años de mi juventud en las campañas de recolección de la aceituna.
En esos remotos años me fascinaba ver, al pasar por el Cortijo del Río, la chimenea que se levanta junto a la tapia de su antiguo molino. En aquellos tiempos desconocía cualquier dato sobre esta peculiar construcción, excepto el año de su realiazación (1913) que aparece labrado e incrustado junto al nombre del artífice que la levantó entre los ladrillos que la conforman (ahora solo se conserva (Juan), tras desaparecer el apellido de este anónimo maestro de albañilería.
Al pasar por este lugar hoy he rememorado aquellos lejanos años (ha pasado más de tres décadas), y he sentido una gran complacencia porque la investigación realizada en el archivo municipal me ha deparado el hallazgo de numerosos datos sobre el cortijo, y del que fue su dueño en el último tercio del siglo XVIII y principios del XIX, Juan Vicente Gutiérrez de Salamanca.
Se trata de uno de los ilustrados más sobresalientes de nuestro pueblo y también de Andalucía. A pesar de su relevancia histórica sigue siendo un gran desconocido, sobre todo en cuanto a su biografía. Conocemos de su destreza como arquitecto. A él se deben los dos monumentos civiles más conocidos de Aguilar: Torre del Reloj y Plaza de San José, así como otras construcciones monumentales: casas solariegas y quizás templos como la iglesia del Hospital, que también se le atribuye. Practicó con menor mérito la pintura, conservándose algunos lienzos, y fue un entusiasta investigador agrónomo.
A esta labor dedicó gran parte de su vida, ejecutando estudios que puso en práctica en las tierras del Cortijo del Río, una de las numerosas propiedades rústicas de la que fue dueño. El resultado de las investigaciones las recogió en una publicación que denominó «Agricultura practicada cuarenta años en sus posesiones, por don Juan Vicente Gutiérrez de Salamanca Fernández de Córdoba, contador de la Real Sociedad Económica de la villa de Aguilar de Córdoba, cuyas observaciones y experimentos, sobre lo que hacemos presente, dan la verdadera luz para el acierto de su ejecución en todas partes, con arreglo a su territorio y climas”. Además escribió sobre colmenas y levantó algunos planos topográficos.-
Tan distinguido personaje fue además el fundador de la Real Sociedad de Amigos del País de Aguilar, entidad dieciochesca facultada para promocionar la transformación agrícola e industrial de la sociedad española.

A. Maestre.

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