En el altillo del camino de los Puertos levantaron los cofrades de la Veracruz su nueva iglesia, tras ser despojados, por los Carmelitas, de su primitiva ermita erigida cuando comediaba el siglo XVI junto a la carrera de los Moriles. La Veracruz nueva y su barrera se convirtieron así en el epicentro del barrio dieciochesco de Aguilar, conformado a lo largo del siglo XVIII en el entorno del nuevo templo crucero. Desde tan remotos tiempos, llegado el mes de mayo recorre estas calles en procesión de gloria la Virgen de los Remedios, rememorando así una tradición que tuvo su origen en aquellos lejanos años en los que arribaron a este lugar los hermanos de la más antigua y primitiva cofradía de penitencia de Aguilar.
Y cuando mayo florece, que diría el poeta, no hay flor en maceta que no sueñe adornar las calles del barrio, no hay clavel que no fantasee con dar forma y color a una cruz para ser admirada y no hay rosa que no imagine florecer en los arriates del llano del Altozano para que Ella la contemple cuando, ya de vuelta, lo cruce entre bengalas para recogerse en la casa que habita desde hace más de tres siglos. La Virgen sale en mayo porque por mayo florecen las flores en el viejo arrabal de la Veracruz.
Secular tradición que reverdece cada año para eternizar el fervor mariano anclado en unas calles que miden el tiempo por siglos y procesiones de la Virgen de los Remedios. Ancha y Huerto, Altozano y Rosa. Y para que la Virgen pase, la calle de los Pozos “colgá” de colchas. Con los últimos resplandores del día la Virgen salió a su barrio y el barrio la recibió como siempre, engalanando sus calles para perpetuar una alianza de devoción sellada por la historia.











