Las tradicionales bombonas naranja han formado parte del paisaje de los pueblos y ciudades durante más de cincuenta años.
La botella de butano ha pasado a formar parte de la historia gráfica de las calles de los pueblos de España. Poco a poco ha ido desapareciendo de las grandes ciudades, arrinconado por el gas natural, mucho más cómodo al no tener que cargar con las pesadas botellas naranja. Ahora se puede adquirir en las estaciones de servicio, pero en los pueblos todavía se escucha la bocina del camión que carga con las botellas, y que se detiene en aquellas casas donde en la puerta han dejado la de recambio vacía, una norma no escrita que ya dura décadas.
En Aguilar se inauguró el servicio de reparto ha mediado de los años sesenta y, tal como muestra esta fotografía tomada en la calle del Carmen, fue Eduardo “el de las bombonas” la persona que se convirtió en expendedor de las mismas con un característico carromato que mantuvo durante años.




