Obituario. “Joseillo el de la Inesperada”

El paso del tiempo no indulta a la senectud que espera siempre en el atardecer de la  vida para requerirnos el peaje que debemos pagar por vivir, que no es otro que la ineludible partida hacia lo desconocido.

Hoy ha emprendido esa viaje un aguilarense más de esa generación tan lastimada por los avatares del pasado siglo que los condujo por las procelosas décadas de la contienda civil y  posguerra,  épocas de hambrunas, miserias y analfabetismo que marcaron sus infancias y juventud y que los curtió en resistencia a tantas adversidades sobrevenidas.

El sufrimiento forjó en ellos esa conciencia de clase de la que dieron ejemplo de forma sencilla y sincera, siendo estímulo y modelo para quienes conociendo su afán tomamos el relevo en la lucha por una sociedad más justa, igualitaria y fraternal.

Hoy, al socaire de tan triste noticia, me gustaría rendir el más caluroso homenaje a todos esos viejos comunistas que combatieron en Aguilar por derrotar al dictador y la dictadura jugándose la libertad y la vida. Su meritorio arrojo se mantendrá vivo en la memoria del pueblo, y, aunque el paso del tiempo pueda convertir en anónima la gesta que realizaron, la Democracia será siempre el legado indeleble que recordará su lucha.

 José Pulido, “Joseillo el de la Inesperada”, se ha ido dejando como legado al pueblo ese bonito jardín que dios mediante se inaugurará en las próximas semanas, sombreado por la arboleda que el tanto quiso y cuidó de forma altruista. Una generosidad militante de quien fue uno de los primeros moradores del caminillo de la Membrilla, donde algunas personas como Joseillo invirtieron los ahorros de los años de emigración, levantando las primeras casa o bateas que alinearon  la única acera de la calle Inesperada.

 Un camarada ejemplar; un hombre bueno, muy conocido, querido y respetado por todos. El abnegado “jardinero” que de forma generosa labraba, cuidaba y protegía con su modestia, llenándolo de vida, el arcaico jardín que se situó en el tajón de tierra existente junto a la carretera.

Ineludiblemente, los cuerpos se mancillan con el paso del tiempo, pero las justas ideas  que defendieron y el ejemplo de generosidad que dieron perdurarán eternamente.

¡Que la tierra te sea leve!

¡Hasta siempre, camarada!

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