Al menos desde el siglo XVII y sobre todo a lo largo del XVIII, las fértiles tierras de los parajes agrarios de Aguilar, denominadas los Moriles y Zapateros, se colmaron de blancos caseríos (lagares) en medio de los viñedos, en los que se encontraban las bodegas y el lagar o lagareta dónde se transformaba la uva durante la vendimia, o sea, donde estaba la maquinaria de elaboración y los depósitos de selección de los mostos, trujales, etc.
Los lagares son, también, los edificios propiamente dichos de una bodega pero en el campo, a pie de viña. Es un Cortijo pero dedicado a la elaboración y crianza de vinos. En ellos habitaban de forma regular una o varias familias que, además de cuidar del inmueble, sus miembros varones solían ser los encargados o manijeros de las cuadrillas que realizaban las labores agrícolas que requerían las viñas, así como el trasiego de la crianza del vino en la bodega.
Testimonios gráficos de cómo era la vida en esos lugares y cómo elaboraban uno de los mejores vinos del mundo los encontramos en las añejas fotografías que atesoran algunos álbumes familiares, que nos permiten remontar el tiempo pasado hasta el instante en el que se capturó la imagen retenida en el papel.
La fotografía que mostramos debe fecharse en los años veinte del pasado siglo, y nos remite a uno de los lagares emblemáticos del paraje de los Moriles, como era el denominado de “las Mendosas”, mostrándonos una estampa costumbrista de la época, en la que se muestra, situados delante de un carro colmado de hierba, a los miembros de la familia que moraban en el lagar, así como a los dueños y allegados que inmortalizaron el momento brindando con una copa de vino.




