Era los primeros años de la década de los setenta del pasado siglo XX cuando un anónimo fotógrafo detuvo el tiempo y dejó plasmado en el papel una mirada retrospectiva del Viernes Santo aguilarense en uno de sus momentos cumbres, como es el transitar de la cofradía nazarena por “el Llano Bajo”, camino del Soterraño.

La tarde avanza proyectando sus sombras sobre las blancas fachadas de las casas y en la presidencia del cortejo se situaban dos personajes de la época: Manuel Llamas Luque y Jaime Mariscal de Gante, el primero titular de la alcaldía (tan solo por unos meses) y el segundo del juzgado; ambos reconocidos cofrades y devotos del Nazareno.

Manolo Llamas es, sin duda, una de las personas que mayor contribución hizo al engrandecimiento de la Semana Santa de Aguilar del pasado siglo, atesorando una inconmensurable trayectoria al frente de las cofradías de Jesús Nazareno y la de María Santísima de la Amargura y Nuestra Señora de la Antigua.

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