
Las cabras, parte fundamental en la economía de los pueblos, décadas atrás, recorrían las calles aledañas a las entradas y salidas de los cascos urbanos en rebaños que estaban formados mayormente por hembras para producir la leche, y esta era vendida a pie de calle a los vecinos en jarrillos de lata que marcaban las medidas. Como decía la popular letra que entonaban los chiquillos (las cabritas del monten salen de día y entran de noche), era al tardecer del día cuando el pastor volvía al pueblo con la piara de cabras, y estas buscaban los abrevaderos de las fuentes públicas para saciar la sed antes de recogerse en el corral. Así lo muestra esta bella y bucólica panorámica, tomada en los años veinte del siglo pasado, en la desaparecida Fuente Nueva de la calle Ancha.



