Irene Montero promociona la pederastia desde el Ministerio de Igualdad. Como lo oye. La ministra, que maneja un presupuesto económico de trillones de euros dedicados a irse de vacaciones con sus amiguitas mientras entre todos le pagamos la niñera, defiende la violación de niños. Si no me cree, encienda la tele, ponga la radio, lea los periódicos más serios. Escuche a los líderes de partidos de centro moderado como PP o Ciudadanos, a partidos de centro-derecha democrática como Vox. Verá que no le miento. Puede preguntar hasta en la iglesia y allí también le corroborarán la veracidad del despropósito: la ministra defiende la pederastia.

Es indignante. Insultante. Repugnante. Es desesperante. Es todo eso y más. Y no importa. Es el pan de cada día. Si lleva usted un tiempo lanzándole el zapato desde casa a políticos y periodistas que desfilan por los grandes medios propagando bulos fácilmente identificables, alimentando manipulaciones evidentes o campañas de intoxicación de lo más burdo, ya habrá comprobado que el zapatazo no surte efecto. Usted y su zapato son molestias asumibles dentro de una apuesta que es decidida: si el número de personas que compran bulos, manipulaciones o intoxicaciones es mayor que el de quienes se indignan al detectarlas, el viaje habrá merecido la pena. Y casi siempre la merece. Cuando te acostumbras a vivir en un estercolero la basura pasa desapercibida.

No se angustie. No será usted el primero ni el último en vivir tiempos oscuros. En la Edad Media uno podía identificar con claridad que el problema no era la mujer a la que iban a quemar en la hoguera, sino todos aquellos enfermos dispuestos a verla arder por bruja. Indignarse en aquel momento en el que el fanatismo tenía más peso que la razón era inútil. En este tiempo en el que la verdad vale mucho menos que una mentira con buenos padrinos, su indignación o desesperación apenas tendrá eco. Gastará usted energías de bulo en bulo, de cabreo en cabreo, de zapatazo en zapatazo y todo seguirá igual. Pero mantenga la calma porque llegarán tiempos mejores en los que se entienda su angustia. Quien en la Edad Media era consciente de habitar un mundo oscuro, fanático y violento, se hubiera dejado prender fuego con tal de poder charlar un rato con este tiempo presente en el que sabemos que la mujer no era una bruja y que quienes la quemaron, sin embargo, sí unos asesinos. En este tiempo de oscurantismo social, periodístico y político que nos ha tocado no queda más remedio que charlar con un futuro que será mejor. Contarle que, en esta época, la verdad valía mucho menos que cualquier mentira bien difundida desde los grandes medios, que muchos profesionales de la información tiraron a la basura el código deontológico convirtiéndose en los principales autores de las grandes manipulaciones de la época. Que una parte importante de la política perdió la poca decencia que le quedaba hasta llegar a tocar a manos llenas el vómito. Que todo esto, sostenido en el tiempo, provocó un estado de letargo generalizado, de depresión social en la que buena parte de la ciudadanía dejó de informarse por agotamiento en un momento de cambios clave que nos necesitaba activos. Que algunos, desde dentro, dejaron en coma inducido al oficio del periodismo a cambio de eliminar enemigos. Que muchos ciudadanos militaban en los bulos y se enfadaban cuando se les señalaban como falsos porque esto no iba de saber la verdad, sino de saber hacer daño.

Puede usted ponerle al futuro numerosos ejemplos. No acabaría. Por ejemplo, que la defensa de la educación sexual en las escuelas ocupó más titulares escandalizados que los miles de casos de pederastia en la Iglesia española. Más minutos de radio y televisión que la revelación del mayor enigma de nuestra democracia, la participación del rey Juan Carlos en el golpe de Estado del 23F. Que la ministra defendiendo lo básico abrió telediarios y que la confesión de varios miembros del servicio de inteligencia de los años 80 –el rey pidió que se lo dieran hecho– pasó como anécdota entre las noticias de fútbol y un perro que sabía montar en patinete. No se angustie porque el pasado nos demuestra que en el futuro la historia y la verdad acabarán confluyendo. Siempre pasa. Y entonces se entenderá su angustia y se pondrá en su sitio a los soldados de la indecencia. Hasta entonces, unos anuncios de Securitas Direct y volvemos, si es que a la vuelta no le han ocupado la casa.

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