👑 LO IMPORTANTE (más allá de caramelos y golosinas 🍬)

Juan Jesús Espinosa Prieto

Quiero terminar esta jornada de Reyes intentando poner en valor lo que pienso que verdaderamente importa de este día y de su víspera, el de la cabalgata.

Si hago memoria, pienso en aquellas cabalgatas que viví de pequeño y no me acuerdo de los caramelos, pelotitas o bolsitas de golosinas que cogí, y sí me acuerdo, sin embargo, de la mirada de alguno de los Reyes Magos al pasar, de un saludo fugaz o de, lógicamente, los regalos que encontraba al día siguiente junto a mis zapatos. Recuerdo también, de manera más nítida porque hace menos tiempo, cómo vivían mi hijo e hija la cabalgata y qué era lo que más les importaba: tocar o dar la mano a su personaje de Disney favorito (un año entero estuvimos penando hasta que mi Juan consiguió darle la mano a Goofy, porque no lo había logrado en la cabalgata del año anterior) o gritarle a su Rey Mago favorito que no se olvidase pasar por casa esa noche, buscando una mirada, un gesto de complicidad con el que sentirse satisfechos y conformes.

Y recuerdo, porque lo viví en cuerpo y alma, cada momento de cruce de miradas con los niños/as hace justo un año. Recuerdo sus caras de asombro, de felicidad, de orgullo, de sentirse únicos/as porque Melchor les miraba, les sonreía y les decía que no se olvidaba de ellos/as.

Eso era y es lo importante. Me lo enseñó mi experiencia como niño, como padre y como afortunado representante de uno de los Reyes Magos de Oriente. No hay más, porque eso es lo máximo.

Así que, si aceptan mi consejo, no miren más allá ni proyecten frustraciones propias de ámbito estrictamente material en supuestos sentimientos de los/as niños/as. Quizá en ese afán materialista les hayamos privado alguna vez, durante esa noche mágica al paso de las carrozas, de disfrutar de lo que verdaderamente buscan: sentirse únicos/as y elegidos/as por la mirada, la sonrisa y/o cualquier gesto que Melchor, Gaspar o Baltasar les hagan.

También a los representantes de los Reyes Magos se lo haremos más fácil si nos relajamos y permitimos que puedan dirigir la mayor parte de su energía y atención a realizar esos gestos y a tener esa complicidad con los/as niños/as.

Ustedes también lo agradecerán, porque no debe ser lo más sano, a la larga, vivir con tanta ansiedad el paso del cortejo (algunos rostros desencajados lo dicen todo), ni los días posteriores si sus deseos materiales no se vieron colmados.

Yo lo terminé de entender, una y otra vez, hace justo un año, y guardo esta foto, ejemplo de ello, como oro en paño. No conozco a esa niña que está a hombros de su papá o mamá, pero ella, en esa cabalgata, conoció y sintió de cerca la magia de esa noche, no porque Melchor le tirara un puñado de caramelos, sino porque la miró fijamente y le saludó sonriendo.

Ojalá no se me hubiese pasado ninguno/a por saludar y sonreírle personalmente, pero claro, también había que tirar caramelos. Y entre puñado y puñado, alguno/a se me pasó. No obstante, la felicidad de los/as muchos/as a quienes sí saludé expresamente no me la quita nadie. Ni a ellos/as, espero.

Y espero que a sus padres, como a mí, esto les ayudase a poner el foco sobre lo importante de esta cuestión, que es la esencia de este día. No la pierdan, por favor. Sean felices y gracias por leerme.

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