Esta entrañable y pintoresca fotografía nos traslada en el espacio al colegio María Coronel (La Curva), y en el tiempo al año 1984, mostrándonos cómo en aquellos ya lejanos años las representaciones teatrales constituía una de las actividades preescolares más recurrentes para el profesorado y alumnado del Centro. Sirva la imagen retenida en el papel fotográfico para hacernos la siguiente reflexión:  

Durante toda la historia, el teatro ha acompañado a la humanidad, desde el principio de los tiempos el ser humano interpreta y representa a través del cuerpo, de la palabra, de la danza, de la música, usando la voz, el movimiento, el espacio y además otros objetos como máscaras, títeres e incluso su propia sombra.

Igualmente el teatro forma parte de nuestra vida desde etapas muy tempranas, apenas se empieza a jugar en la infancia aparece el juego de “ser otro personaje”, todas las criaturas juegan en muchos momentos de su infancia a “las casitas, a la escuela, a los hospitales, a policías y ladrones…” e interpretan a la perfección a las personas que en estos lugares han conocido, a personajes que han visto en el cine o en televisión, se convierten en geniales imitadores de lo que observan en el mundo de los adultos y a partir de ese conocimiento de su realidad inventan toda una cantidad de historias que pueden ir del humor al terror con una facilidad impresionante.

Es verdaderamente divertido observar cómo en muchas ocasiones son capaces de inventar historias realmente fantásticas y divertidas y quien no ha   de la enorme creatividad que poseen nuestros niños y niñas en estas edades. Sin embargo, también asistimos al triste fenómeno de que conforme van creciendo, esta creatividad, en muchos casos, en lugar de ir en aumento va desapareciendo paulatinamente, así como su capacidad de usar la ficción como vía de escape y de expresión de sentimientos. La plasticidad del cuerpo y la expresión en muchos casos también se va perdiendo al hacerse mayores.

Llevar el teatro al aula y usarlo como proyecto global de trabajo nos va a ayudar a no perder todas estas “virtudes” naturales de nuestro alumnado, e incluso potenciarlas.

El teatro aporta también un punto de encuentro para todo el colegio, puede convertirse en animador de toda la comunidad escolar, favoreciendo las relaciones entre todos y aportando un clima de respeto y tolerancia en la vida del centro.

Por otro lado, en muchas zonas de nuestra geografía nuestras alumnas y alumnos no tienen posibilidad de asistir y ver teatro, de manera que una buena manera de entender qué es el teatro es vivirlo de manera directa, convertir al alumnado en protagonista del todo el proceso de creación, producción y representación de las obras teatrales.

Es además una buena alternativa de trabajo para motivar al alumnado y para trabajar la diversidad en el aula, que cada vez es mayor, ya que, a pesar de tener niños y niñas de la misma edad, nos encontramos también con criaturas que proceden cada vez más de diferentes culturas, y diferentes modelos de escolarización e incluso a veces que no han estado escolarizadas con anterioridad. Trabajar el teatro puede ayudarnos a conseguir todos estos retos que hoy en día se nos muestran en la escuela, sobre todo, porque el teatro se manifiesta a través de una serie de lenguajes que lo hacen universal.

Foto cedida por Ángeles Calero Palma.

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