Otra más, una noche más, de arte, de magia, de compás, de entrega, de guapura, de sentimiento y de ese pellizco que produce el flamenco cuando se canta con el alma y cuando se escucha con uno de los sentidos más puros y cristalinos como es el corazón.

Las noches flamencas que se viven en esa preciosa cueva de lo jondo, son para enmarcar.

Esta pasada noche, la magia, cada vez más perceptible dentro de un lugar maravilloso y exquisito donde paladear el arte flamenco, nuevamente, ha demostrado la razón de porqué es único en todos sus sentidos.

Los afortunados (que así nos llaman) a la maravillosa minoría que disfrutamos de este arte, podemos dar fe del enorme derroche y despliegue que Araceli Campillos, al cante y Román Carmona, a la guitarra han ofrecido este sábado frío de febrero.

Mil gracias a estos dos fenómenos del arte flamenco por hacer posible la magia necesaria para que los duendes del cante vuelvan a mostrarse ante un público entregado y exigente dentro de un lugar maravilloso.

Rafa Pino.

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