El precio del aceite de oliva se ha cuadruplicado en tres años

A finales del verano de 2020, en plena pandemia de coronavirus, con restricciones de movilidad y una economía zozobrante, los olivicultores españoles vivían una grave crisis. El sector sufría una crisis de precios histórica. El kilo de aceite de oliva se vendía, de media, a 1,85 euros. Producirlo tenía un coste mínimo de 2,30 euros, por lo que las organizaciones agrarias denunciaban que se estaba perdiendo dinero. El aceite de oliva es el producto agrícola estrella en el sur de la Península: entre Córdoba y Jaén se produce casi el 40% de todo lo que se consume en el mundo.

En el verano del 2023, solo tres años después, el precio del aceite de oliva se ha multiplicado por cuatro y ha alcanzado un valor que ya es histórico y que parece no tener techo. Según el sistema de información de precios PoolRed, los envasadores le están pagando a los productores un precio medio de 7,35 euros por kilo de aceite de oliva en origen. El 20 de junio el valor era de algo más de seis euros. La escalada de precios parece no tener límite. De hecho, y según ha podido saber este periódico, esta misma semana se están cerrando operaciones a futuro (de aceitunas aún no recolectadas y por tanto aceite aún no fabricado) de 8,5 euros. Las organizaciones agrarias temen que se acaben alcanzando los diez euros.

Esta tremenda oscilación de precios en apenas tres años es uno de los grandes temores del sector. En los años noventa se produjo el último gran incremento de los precios en origen, que rozaron los cinco euros. Entonces se contrajo la demanda en más de un 30%. Los consumidores optaron por otras grasas y el sector tardó casi una década en recuperarlos. Ahora se teme un efecto similar, que el aceite de oliva se acabe convirtiendo en un producto de lujo y que en próximas campañas excedentarias se acabe quedando en las almazaras.

La actual subida de precios, histórica en todos los sentidos, tiene que ver con una sequía que ha contraído la producción cuando aún existe demanda. La campaña pasada fue un 50% inferior a la anterior. La futura se estima que no será mejor. De hecho, se teme incluso que a finales de año pueda haber ciertos problemas de abastecimiento, ya que en las almazaras se están produciendo más salidas de producto de las previstas y algunas tendrán todo el aceite vendido antes de que comience la próxima campaña de la aceituna, tal y como ha advertido la patronal agraria Asaja.

Este incremento ha hecho que hasta los peores aceites, como el lampante, se estén pagando a precios desorbitados: una media próxima a los 6,50 euros. En el caso de aceite de oliva virgen extra (el AOVE) los precios rozan ya los ocho euros en origen.

Todo esto es trasladado posteriormente a los supermercados. Actualmente, no es fácil encontrar un litro de aceite de oliva (que no es lo mismo que un kilo) a menos de ocho euros. De hecho, muchos envasadores están aprovechando la situación para incrementar los precios. Y algunas superficies comerciales juegan con los mismos para atraer a consumidores con ofertas.

El Sistema de Información de los Mercados Oleícolas (SIMO) calcula que el consumo en España ya ha caído un 51%, pero que las ventas se mantienen principalmente gracias a las exportaciones. Aún con estos precios el aceite de oliva de origen español es competitivo con respecto a los que se producen en Italia, el sur de Francia o en Grecia.

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