
Contemplar viejas y añejas fotografías como esta refresca los recuerdos anclados en la década de los noventa del pasado siglo XX, años en los que el almanaque marcaba aún el día 5 de agosto como víspera de la Feria Real que acontecía de forma inexcusable del 6 al 9 del citado mes. Una fiesta que tenía y tiene su epicentro en el Recinto del Castillo, a donde acudían locales y foráneos para vivir intensamente los días feriados de Aguilar.
Eran tiempos de la incipiente democracia en los que la popular celebración había experimentado una metamorfosis que le hizo recuperar el carácter popular y abierto que había perdido, así como una diversificación de actividades musicales de gran nivel que la convirtieron en un referente de la comarca.
El real de la feria se iluminaba entonces con los arcos de bombillas que poseía el propio Ayuntamiento; las casetas de baile y las casetas de pollos y las de turrón y las churrerías constituían uno de los atractivos más empíricos de la ancestral celebración. Fueron otros tiempos en los que, como en cada época, los niños y jóvenes de la década de los noventa vivieron intensamente una feria que se mantiene viva en la memoria de quienes superan ya en edad el medio siglo de vida.



