Sánchez, Feijóo y… otros

Martirio.

Nos quedan apenas un par de días para elegir a la persona que dirigirá España durante los siguientes 4 años. Ha habido un cara a cara entre los dos principales partidos del cual sólo vi unos 20 minutos porque con eso tuve bastante para hacerme una idea clara de lo que fue el debate. Aquello parecía una discusión entre “marías” en un patio de vecinos de un barrio marginal. Después de lo que vi, acabé con la sensación de que ninguno de los dos oponentes está capacitado para gobernar España. Me dio vergüenza la manera de cortarse uno al otro cuando tenían el turno de palabra. Entre las mentiras de Feijóo y el poco respeto de Sánchez no pude aguantar más rato viendo la tele.

   Una cosa que no soporto es que nos quieran hacer creer que sólo hay dos partidos: uno de derechas y otro de izquierdas. Parece que sólo tenga que haber en España dos clases de personas. Me niego a que intenten encasillarnos y esquematizarnos, nos pongan una etiqueta y sólo haya etiquetas de dos colores: rojas y azules. Somos 50 millones de españoles y creo que es imposible partirlos en dos. Es como si intentásemos que en la naturaleza sólo hubiese dos colores con los millones que hay y la gran variedad tan fantástica que nos regala la madre Tierra.

   A mí me gustaría que hubiera un partido que defendiera la igualdad entre hombres y mujeres, que condenara la violencia de los hombres hacia las mujeres y de las mujeres hacia los hombres, sea del tipo que sea, y con la misma dureza; que defienda al colectivo LGTBI para que puedan tener una vida totalmente normal, no mejor, sino igual a todos, sin que les señalen como enfermos. Un partido que haga entender a los ricos que sin los trabajadores no son nadie y que los trabajadores sin los ricos, tampoco. Ambos se necesitan y pueden convivir y ayudarse mutuamente. Un partido que revalorice las pensiones y los sueldos para que nadie pierda valor adquisitivo. Un partido que sepa hacer de la sanidad una sanidad moderna, sin listas de espera y sin tener que esperar dos semanas para ser atendidos por nuestro médico de cabecera. Un partido capaz de controlar, en cierta medida, esa inflación galopante que está asfixiando a la mayoría de las familias españolas, con medidas valientes, les duela a quien les duela. Un partido que vele por nuestros agricultores para que no tengan que dejar sus cosechas tiradas en el campo y, en el caso de que las recojan, puedan vivir dignamente sin que el fruto de su trabajo se lo lleve un intermediario con corbata y chaqueta que no ha derramado ni una gota de sudor ni ha pasado frío para recoger esas cosechas. Un partido que mire por nuestros mayores y entienda que cuando todos lleguemos a la tercera edad, necesitaremos una residencia donde pasar nuestros últimos años sin que sea imprescindible tener una abultada cuenta corriente para tener una vejez digna. Un partido que crea que la educación es un derecho de todos y una necesidad para tener una sociedad “sana”. Un partido que apoye la cultura en todas sus variantes y sean del signo que sean. Un partido que se ponga del lado de las víctimas y no de los verdugos como pasa en algunos temas “okupas”. Un partido en el que se premie al que quiera trabajar y se castigue al que no quiera hacerlo. Un partido en el que su prioridad sea dar trabajo y no limosnas.

   Podría seguir con un sinfín de características que yo pediría a mi partido ideal pero creo que nos podemos conformar, para empezar, con estas.

   En definitiva, el partido al que yo quiero votar es un partido de izquierdas consecuente con sus principios y, a poder ser, no tenga escándalos de tribunales. Que sume, que empiece desde donde estamos, que no reste, para atrás ni para coger impulso. Al fin y al cabo, no pido grandes proyectos sino que nuestra vida cotidiana sea mejor y más justa. Calidad de vida en la que el respeto y la solidaridad entre todos sea nuestra consigna.

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