Rafa Pino.

Mal, muy mal. Hay tradiciones y tradiciones, hay gente solidaria, gente desinteresada, gente comprometida con una causa altruista para conseguir un bien común, y luego está esa otra clase de gente toca pelotas, gente que confunde y mezcla la velocidad con el tocino, y es esa gente la que han llegado a un punto de no retorno, con este tipo de gente no valen las medias tintas.

Me gustan los animales, por su nobleza, su cariño y su amor desinteresado y porque la sociedad en la que vivimos parece estar más implicada en lo que atañe a la defensa animal. Desde el tiempo que hace que tengo mascota, me he sensibilizado aún más con estos diablillos de cuatro patas y que siempre sacan lo mejor de uno mismo. Odio a todo aquel que le hace daño a un animal, por activa o por pasiva. Son gente sin escrúpulos, sin sentimientos y sin dignidad, a esa gente si habría que meterla bajo llave, y gente de esa hay muchísima. Dicho esto, que alguien me diga el tipo de daño que se le infringe a un gallo que ha sido ofrecido para el mismo fin, y no es otro, que el de cambiar de manos, previo pago de una cantidad simbólica, para seguir cantando en corral ajeno.

Hay montones de imágenes que demuestran lo que yo estoy diciendo. Los distintos animales que se ofrecen en la famosa y muy antigua «Subasta de los gallos» en la feria de San Miguel; y que siempre ha realizado la Real Cofradía del Santísimo Cristo De La Salud, han tenido y tienen un fin común y a la vez social, el sufragio junto con las cuotas de hermandad, de los distintos gastos que está misma necesita para poder procesionar en Semana Santa. Aparte de eso la cofradía con el aporte de la subasta también colabora con el banco de alimentos y algunas familias más necesitadas.

Cuando el gallo sale a subasta, se ofrece con las dos patas amarradas y agarradas por la mano derecha del que lo porta y sujetado por su parte delantera con la mano izquierda del mismo y sin causarle el más mínimo daño, ni corporal ni de ningún tipo.

Yo no veo maltrato de ninguna forma, el animal solo cambia de domicilio y posiblemente para vivir mejor.

Señores Juristas Animalistas, se comenta por estos lares que han sido los artífices de esta ridiculez. Son algo así parecido a los Abogados Cristianos; y que por no se que tipo de maltrato animal, han hecho responsables subsidiarios al ayuntamiento de Aguilar de la Frontera, y al pago de una multa de 500 euros ahora, y de hasta 600.000 euros si son reincidentes.

Una auténtica cacicada. Maltrato, especulación, ustedes sabrán hasta que punto llega la estupidez humana y el porqué de esta denuncia y con qué fin; ustedes sabrán, pero den la cara por lo menos, la gente tiene derecho a conocer quienes son y que defienden, no se amparen en el anonimato.

Esto es una bonita tradición, y se realiza en mi barrio y con nuestra gente desde tiempos inmemoriales, no tienen derecho a romper una fiesta ni a privarla de su seña de identidad.

De verdad, hay cosas que se me escapan, que no entiendo ni se entienden, y que demuestran que ni todos los burros tienen cuatro patas, ni todos los gallos se fueron como el de Moron, sin plumas y cacareando.

Señores juristas animalistas, aquí el maltrato animal brilla por su ausencia, tienen que buscar otra excusa u motivo por qué no cuela. Ustedes si han hecho daño de verdad a una tradición antiquísima, bonita y social, privando la de su ave insignia y nunca maltratado.

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