
Antonio Maestre Ballesteros
A finales de los años 50, España experimentó importantes cambios, impulsados por un incipiente desarrollo económico que marcó el inicio de una transformación social. Aunque el régimen franquista seguía siendo represivo y la iglesia católica mantenía un fuerte adoctrinamiento, la sociedad española comenzaba a cambiar, con el surgimiento de nuevas clases medias y un incipiente movimiento obrero.
Los españoles de mediados del siglo XX se encontraban en un período de transición, donde el crecimiento económico comenzaba a transformar la estructura social, aunque la iglesia católica seguía jugando un papel fundamental en la vida cotidiana de los españoles.

Y en ese contexto nacional llegó el mes de agosto de 1959, y Aguilar de la Frontera se dispuso a vivir su Feria Real con una mezcla de tradición y modernización. La Feria, que combinaba elementos de mercado de ganado con festejos populares, experimentó cambios significativos con la llegada del desarrollismo franquista, incluyendo la introducción de la elección de la reina de las fiestas y la multiplicación de actividades deportivas y musicales.

De ello da buena cuenta la Revista de Feria, editada ese año por la Comisión Municipal de Festejos para enaltecer una celebración cuyos orígenes más remotos se sitúan a mediados del siglo XVI, aunque la aprobación Real le llegaría en el XVIII, tras solicitarla el Consejo, Justicia y Regimiento de la Villa el 20 de enero de 1755[1]. Al frente del Ayuntamiento se encontraba en 1959 Miguel Cosano Moriana[2], siendo esta la segunda Feria que organizaba como regidor Municipal.

El suntuoso título de “Real Feria de Ganados y Fiestas en Aguilar de la Frontera” se registra en la portada de la publicación, cuyo contenido se desarrolla en las veinte páginas, tamaño cuartilla, que la componen, acopiando un selecto y variado apartado de textos, entre cuyos autores aparecen algunas de las personas más relevantes de la sociedad local, como era el propio alcalde; el juez, Jaime Mariscal de Gante; Rafael Navajas Navajas, el cronista de la ciudad, José Varo de Castro; el médico Rosauro Varo de Castro y J.M León Machado.

Junto a los artículos resaltan los numerosos anuncios publicitarios de empresas y comercios de la época, que rellenan una parte importante de la Revista, y una bonita colección de fotografías del pueblo y sus monumentos, destacando distintas tomas aéreas del casco urbano. Como eje central del contenido aparece el Programa Oficial, prefijado con el título de “Real Feria de Ganados y Fiestas en honor de Nuestra Excelsa Patrona María Santísima del Soterraño”. Los actos abarcaban desde el 6 al 9 de agosto, que fueron las fechas tradicionales desde 1912, ya que, como es conocido, la Feria primitiva se celebraba los días 15,16 y 17 de septiembre[3].

El vínculo religioso de la Feria con la devoción a la Virgen de la Antigua estuvo presente desde su origen hasta el último tercio del siglo XIX, en que la imagen mariana dejó de procesionar por el Real, aunque el nombre de Feria Real de Nuestra Señora de la Antigua se mantuvo hasta el citado 1912, que es cuando se cambian los días feriados al mes de agosto. El cariz devoto de la Feria se intentó recuperar en 1928 ligándolo a la Patrona, Santa María del Soterraño, pero esta iniciativa no llegó a consolidarse, tentativa que se reeditó en 1959 cuando las autoridades municipales y el párroco, don Julián Aguilara, determinaron celebrar una Función y la procesión de la Virgen que preside el retablo mayor del templo parroquial en el día 6 de agosto.

Esa primera jornada, como las tres restantes, amanecían con las alegres dianas anunciadoras de las fiestas, y a las 9,30 de la mañana se celebró la Solemne Función Religiosa en honor de la Virgen del Soterraño, concluida la cual se inauguraría el Mercado de Ganados. A la 1 del mediodía había programado un agasajo a los acogidos en los centros benéficos, y, ya por la tarde, a las 7, daría comienzo la solemne procesión, en cuyo cortejo participarían carrozas y jinetes ataviados a la andaluza. El concierto de la Banda Municipal, a las 10 de la noche, completaba la programación del primer día de las fiestas.

El día 7 comenzaba también con alegres dianas a las 6 de la mañana, y a las 12 tendría lugar un concurso de parejas engalanadas a caballo, al que seguiría, a la 1 de la tarde, el concurso de coches, balcones y patios. Como era costumbre, a las 6 de la tarde aconteció un extraordinario partido de Fútbol entre el Aguilarense y otro equipo de categoría nacional, y a las 11 de la noche un divertido concurso de feos.

El día 8 amaneció con las clásicas dianas a las 6 de la mañana, y a partir de las 12, serían las carreras de sacos y camareros, y las divertidas cucañas. Ya por la tarde, a las 6, tendría lugar una Gran Prueba Ciclista, y a las 7 la Carrera de Cintas a caballo. La Banda Municipal amenizaría la noche con sus tradicionales conciertos.
Llegado el día 9, y como colofón de los días de asueto, a las 6 de la mañana daría comienzo el II Raid Hípico Provincial, como homenaje a los ganadores cordobeses del Raid Ibérico. A las 12 y media una Extraordinaria Prueba Motociclista, con participación de diversos clubs. Ya por la tarde se celebró un segundo partido de Fútbol entre el equipo local y otro de categoría nacional y merecida fama. A las 9 de la noche, Fiesta Andaluza y entrega de premios a los ganadores del Raid Hípico. Todo concluyó a las 12 de la noche con la quema de una vistosa colección de fuegos artificiales.

Una nota final completa la información, comunicando que habría una Gran Exposición de Pintura Infantil, extraordinaria iluminación del Real de la Feria, Casetas Particulares y de Sociedad. Teatros, Cines y Circos, etc. Bajo el texto aparece la firma del alcalde, Miguel Cosano Moriana, junto a la del secretario, José de Castro y Castro y la del presidente de la Comisión de Festejos, José Cosano Segura.
Conocido el Programa, es, en uno de los artículos de la Revista, -el único que aparece sin firma de autor-, donde se traza sucintamente el marco cultural y costumbrista en el que se desarrollaba la Feria en ese tiempo. Se titula, La Feria Chiquita, y en él se hace referencia a una de las cuestiones candentes ese año, como era el previsible cambio de ubicación del recinto ferial, anunciado para el año venidero:
“Hay infinidad de personas que creen que el paseo de la Membrilla es pequeño para nuestra Feria Real. Creo que están equivocados y si pusieran en marcha su espíritu de observación, se darían cuenta del milagro que todos los años se produce en estos días. No se las dimensiones exactas de dicho Paseo, pero sí, que él se las arregla para que allí quepamos todos.
Hay horas, esas horas punta como ahora se dice, en que se ve el esfuerzo que hace el Paseo para acoger en su seno la avalancha que, por todos los ascensos al mismo, afluye continuamente. El Paseo parece que se estira, hasta querer estallar, pero allí, cabemos todos.
Cuando a ciertas horas, las de la siesta, o las altas de la madrugada, la gente lo abandona un rato, el Paseo respira y se encoge un poquito para descansar muy poco, lo suficiente para estar dispuesto para el siguiente día.
Dicen que el próximo año tiene nuestras Autoridades propósito de instalar la Feria en otro punto, pues el paseo está destinado para algún Servicio Municipal de gran interés. Cuando así ocurra, nos acostumbraremos y puede que veamos que hemos mejorado, pero la nostalgia de lo que de pequeñitos fue una de nuestras mayores ilusiones, no se borrará en mucho tiempo de nuestro recuerdo, ese Paseo de la Membrilla donde la Feria Real fue siempre la admiración de propios y extraños.
Quizás lo que a nuestra Feria le dé más ambiente, la hace más agradable y simpática, sea precisamente, su reducido pero justo espacio. Yo día de ella lo que el cantar popular:
Delgadita de cintura
como junco mañanero,
eres chiquita y bonita;
eres, como yo te quiero”.

En este sentido, cabría recordar que cuando la Feria de la Antigua, que acontecía en los aledaños de su ermita junto al Río Cabra, en el camino viejo de La Rambla, se trasladó al casco urbano, en 1842[4], se celebró de forma variable en la Fuente Nueva (final de la calle Ancha) y en la Membrilla, según qué años, y sería a partir de 1881, en que se construye el Paseo de la Membrilla (denominado también Paseo de Oriente), cuando se establece este lugar como recinto ferial permanente, por lo que, en 1959, llevaba celebrándose la Feria en la Membrilla más de 70 años, lo que sin duda justifica la añoranza que causaba el anunciado cambio, que, como refiere el texto, estaba motivado por la construcción en ese lugar de un Servicio Público, que no era otro que la Plaza de Abastos. Finalmente, dicho traslado no se produjo hasta 1962, en que se celebró por vez primera en la explanada del Castillo, donde se mantiene en la actualidad.

El articulista se refiere en su texto a uno de los elementos cardinales en aquellos años en la programación de la Feria, como era el Mercado de Ganados, y lo hace aludiendo a la condición racial de los verdaderos protagonistas del mismo, los gitanos, quienes componían una de las estampas más costumbristas y populares de la Feria.
Los Gitanos
“Señores: es hora ya de que cese la antipatía que los “payos” sentimos por esta raza que, a fin de cuentas, no es ni mejor ni peor que cualquiera otra. Se les acusa de ser amigos de apoderarse de los ajeno y…. es cierto; pero en pequeño. No se conoce un solo caso de que algún gitano interviniera en el robo de una Joyería, en el asalto a un Banco, ni en otros de mayor cuantía. Ellos se conforman con un poco: Cuando más un borriquillo que muchas veces, como dice el cuento, quizás se haya ido detrás de cabestro que el gitano cogió sin darse cuenta.
Pero sin ellos la Feria sería algo sosa, sin gracia. Unos días antes de la festividad hacen acto de presencia y ellos con sus largas varas y ellas con sus vestidos “de verdad” (no como los que por imitarlas lucen nuestras jóvenes) son una parte importante del colorido y ambiente de las Ferias. Si algún año dejaran de acudir, se notaría su falta y veríamos que algo precioso falló en el conjunto”.
Especial relevancia otorgaba el autor a otro elemento o componente de la Feria, que se revela fundamental para la oferta lúdica del recinto y determinante de la hermosura arquitectónica del espacio que acogía la celebración. Eran las casetas, en las que se vivía intensamente el regocijo y la alegría de estos días, además de constituir un factor preciso del carácter comercial de la Feria. Eran clásicas en esos años las que montaban asociaciones o peñas como: “Los Mosquitos”, “Los Interplanetarios”, “La Rebotica”, “La Mezquita”, “Los Brisqueros”, “La Última”, etc.

Las Casetas
“Debemos decir en honor de los industriales que con sus casetas acuden a la Feria, que un tanto por ciento muy considerable del ambiente al que antes aludíamos, a ellos se les debe. Se han esmerado para que sus casetas sean dignas de la Feria y lo han conseguido: Sin ponerse de acuerdo, han logrado que la totalidad de ellas ocupen exactamente, sin que falte ni sobre un centímetro, los metros cuadrados que forman el recinto del ferial. Si a alguno se le ocurriese agrandar o achicar medio metro en su caseta, sería un verdadero conflicto la instalación”.
Alude por último el autor del artículo a unas de las tradiciones más seculares de la Fería en ese tiempo, cuyo origen desconocemos, pero que estaba aún en vigor, y que, según se desprende del relato, constituía una de las señas de identidad del primer día de la Feria, como era el paseo por el recinto ferial de numerosas comitivas de bodas que se celebraban en esa jornada.

Bodas
“Nuestras clases populares tienen establecido desde tiempo inmemorial una costumbre que es seguro solo existe en Aguilar. El primer día de Feria se celebran muchos enlaces matrimoniales y todos los contrayentes, aunque que tengan sus domicilios en los extremos de la población, han de desfilar acompañados de sus padrinos y cortejo por el centro de la Feria.
Si por cualquier circunstancia se suspendieran estos desfiles habría bastantes menos bodas el 6 de agosto, ya que los novios dejan por darse el gusto de que los vea desfilar el público que hay en la Feria”.
Concluimos esta mirada al pasado de nuestra Feria, a través de imágenes retenidas en el tiempo y el relato escrito que nos dejaron los autores de la localidad, evocando la memoria de todos aquellos que hacían posible que el “Paseo de la Membrilla” acogiese cada año los días más esperados por niños, jóvenes y mayores en el calendario festivo de nuestro pueblo: LA FERIA REAL DE AGUILAR DE LA FRONTERA.
Antonio Maestre Ballesteros.

[1] MAESTRE BALLESTEROS Antonio. Feria Real de Aguilar de la Frontera – Origen y evolución histórica (Siglos XVI al XX). Ayuntamiento de Aguilar de la Frontera. P. 30.
[2] El periodo de su mandato fue del 27.08.1957-19.02.1971
[3][3][3] En su origen más remoto, la Feria de Aguilar va a estar vinculada a los cultos del Dulce Nombre de María que se celebraban en la ermita de Nuestra Señora de la Antigua el 12 de septiembre, por lo que la devoción a esta imagen mariana se mantendrá vinculada a la Feria Real prácticamente hasta el año 1912 en que se cambió la fecha de celebración al mes de agosto.
[4] MAESTRE BALLESTEROS Antonio. Feria Real de Aguilar de la Frontera – Origen y evolución histórica (Siglos XVI al XX). Ayuntamiento de Aguilar de la Frontera. P. 33.



