Uno de los problemas más importantes de muchos núcleos de población son las palomas domésticas o palomas bravías (Columba livia), cuya presencia se ha agravado en los últimos años, hasta convertirse en una verdadera plaga.

Varios factores han contribuido a ello, especialmente el aumento de edificios abandonados, que sirven de palomares de grandes dimensiones; también la alimentación por parte de personas bienintencionadas, que no comprenden que con su actitud están promoviendo el mantenimiento de la plaga, y la falta de control de las aves adultas, que se reproducen sin freno, incrementando exponencialmente la población. Hay que saber que una paloma se reproduce casi todo el año, especialmente en primavera y verano, constando cada puesta de dos huevos.

La gran cantidad de estas aves en pueblos y ciudades no solo es fuente de suciedad en las calles —al invadirlas los excrementos de las palomas, propiciando incluso caídas por resbalones—, sino también de un grave deterioro de los monumentos, edificios históricos y estatuas. Este daño no es únicamente visual, sino también estructural, ya que las heces son muy agresivas y corrosivas sobre piedras y otros materiales, y provocan obstrucción de desagües, sin contar con el movimiento de tejas por la actividad de las aves. Por otra parte, representan un peligro para algunas especies vulnerables y protegidas, como el cernícalo primilla, al que expulsan de sus lugares tradicionales de nidificación.

Pero además, las palomas pueden transmitir al ser humano una serie de parásitos (principalmente ácaros), hongos y bacterias, por lo que la plaga se convierte automáticamente en un problema de salud, especialmente para ancianos, niños y personas con un sistema inmune debilitado.

Hay ciudades como Valencia, en las que se ha estimado una población de palomas cercana a las 40.000 aves, por lo que el Ayuntamiento ha destinado más de 200.000 euros a su control.

En Extremadura, el problema empieza a ser notorio, especialmente en las ciudades más importantes, que además cuentan con un rico patrimonio arqueológico, histórico y artístico, como Cáceres, Plasencia, Badajoz o Mérida.

FONDENEX considera que es necesaria una actuación contundente por parte de los ayuntamientos y los organismos responsables de la conservación de monumentos. O se actúa ya, o el problema puede llegar a ser irresoluble.

La actuación contra esta plaga es ya urgente, según FONDENEX. Las distintas administraciones no pueden seguir mirando al cielo sin hacer nada, porque tarde o temprano… algo les puede caer de ese cielo… y es corrosivo.

Es un problema que desborda a los ayuntamientos que carecen de recursos para afrontarlo con garantías ya ue las meidas que se están tomando son totalmente infeficaces ante la deimensión que ha adquirido el problema. Junta de Andalucía y Gobierno del Estado tienen que dar soución a un problema de primer orden pra la salud de las personas y la conservbación del patrimonio.

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